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lunes, 12 de septiembre de 2011

El Chucky-night

Francisco Febres Cordero

 ¡Qué pena que me da! ¡Y es que yo había admirado tanto al juez Paredes, ese que dictó la sentencia contra EL UNIVERSO y Emilio Palacio! Para qué también, el juez demostró unas cualidades propias solo de quien ha entendido que el Ecuador está en un proceso revolucionario y, por lo tanto, la justicia debe ser manualita, agilita y al instante.

Si todos los jueces del pasado, presente y futuro fueran como él, no solo que la justicia cambiaría en el país, sino todo mismo. Y es que leerse de un tirón las cinco mil y pico de páginas del juicio y, sobre la marcha, redactar una sentencia de ochenta páginas, era una señal no solo de fiel cumplimiento del deber sino de preclara inteligencia compresional interna, insomnio tipo in dubia pro reo y velocidad tecleadora ad infinítum.

Y por eso yo decía para mis adentros que eso era lo que había que enseñar a los estudiantes para que, en una sola jornada, aprendan íntegra la historia de la revolución ciudadana y sus fundamentos geográficos, físicos, químicos y matemáticos, y duinechas dejen escritos todos los deberes hasta el 2013, por lo menos.

¡Oh, cuántas cosas positivas se hubieran implementado en todas las áreas del saber humano con el método de lectura dinámica y escritura automática! O sea mucho lote me parecía el juez Paredes, francamente.

Otra cosa que me encantó de la sentencia fue que gracias a ella no solo pudimos comprobar el proverbial talento y hondo sentido jurídico del juez, sino también su calidad humana y su buen corazón: en lugar de aceptar la indemnización que pedía el Correa por ochenta millones de dólares, él la rebajó a cuarenta (tal vez calculando que con eso sí le alcanzaba para comprar otro chévere departamento pero en el Yasuní, con río y todo). Y en lugar de darles mucha más prisión a los Pérez y al Palacio, les dio apenas tres añitos que, tras las rejas, pasan volando. ¡Qué altruismo! ¡Qué benevolencia! ¡Qué sentido de equidad!

Mas, ¡oh sorpresa!, ahora resulta que el juez ni siquiera tuvo necesidad de leer el proceso ni, peor, redactar la sentencia, todo en un día, porque, ¡qué injusticia de la justicia!, la sentencia le ponieron ya hechita en su computadora, y le llegó por la vía de un pen drive que instalaron con un sistema chimbo que se llama Chucky-seven. Eso revela que no fue el juez quien se sacó el aire leyendo el proceso y redactando la sentencia, sino otro man, que puede ser el Chucky-night (digo, porque todo se lo hizo a oscuras, bajo las sombras de la larga noche revolucionaria). Elé. Así, qué chiste, pues.

O sea pendejada de juez, pendejada de lectura dinámica y de escritura automática y pendejada de todo mismo.

Lo único que me consuela es que, vistas las cosas como están, esa sentencia redactada de esa manera no ha de haber sido la regla, sino la excepción. Pero claro, como ahora vivimos en estado de excepción judicial, lo excepcional pasa a ser normal y el resto de las sentencias se han de seguir redactando, excepcionalmente, de la misma forma chuckynightiana durante los próximos trescientos años que dure el Correa con su revolución ciudadana. Fritos.

Fuente:  http://www.eluniverso.com/2011/09/11/1/1363/chucky-night.html

lunes, 25 de octubre de 2010

Réquiem por el segmento

Francisco Febres Cordero
Tristísimo estoy. Y es que la decisión del excelentísimo señor Presidente de la República de suprimir de su programa sabatino el segmento La libertad de expresión ya es de todos, me ha dejado acongojado.

¿Quién le aconsejaría? Ah, ya sé, la inteligencia ha de haber sido. No pues la inteligencia propia de él, sino la inteligencia de sus asesores de inteligencia que son los que a las sublevaciones, con su inteligencia, después las convierten en golpe. Le han de haber dicho cuidado, señor Presidente, que los periodistas están cabriados por tanto que usted les insulta y planean hacer una asonada, secuestrarle y meterle en un cuarto con televisión para que usted vea, una tras otra, las cadenas del Gobierno, desde la primera hasta la última. ¡Qué tortura! ¡Pobre Presidente, encadenado a las cadenas! Y como la inteligencia ha de haber descubierto que el complot iba adelante, le ha de haber dicho stop que, en el lenguaje cifrado de la inteligencia, quiere decir pare.

Y el Presidente, asustadísimo, paró y suspendió el segmento.

¡Qué mal asesorado que está el excelentísimo señor Presidente de la República! ¡Qué desinteligenciado de inteligencia! No sabe que los periodistas estábamos felices con ese segmento y lo esperábamos con avidez para saber cuál mismo era el periodista enano que ni siquiera le llega a la cintura. Como a veces no decía el nombre, nosotros ya nos lo imaginábamos y decíamos, con toda razón, chuta, a ese mejor está de expulsarle del gremio porque nuestro oficio es de altas miras y por eso mismo podemos otear el horizonte desde arriba. Cómo sería que más que un título universitario íbamos a exigir 1,70 de estatura, por lo menos, para que los periodistas pudieran tener carné. Pero ahora, sin ese segmento, ¿cómo vamos a seguir midiendo a los periodistas? ¿Con qué vara? ¿Bajo qué parámetro?

¡Qué iras que me da! Gracias a ese segmento también podíamos conocer de manera inequívoca que lo que la prensa corrupta decía que era verdad, en realidad era mentira. Por ejemplo, cuando se anunció que el Ecuador estaba libre de analfabetismo y se cantó patria tierra alfabetisada de onor y de idaljía, en realidad, la patria no había estado alfabetizada y por eso la canción salió entonada con faltas de ortografía. Híjoles, pero eso no creo que dijo la prensa corrupta, sino el Gobierno. ¡Ya mice un lío!

Pero bueno, lo cierto es que los periodistas estábamos pendientes, cada sábado, de saber cuál mismo era el ignorante, el idiota, el imbécil, el bruto, el tipejo, el limitadito, el enfermo, el tonto, el miserable, el bocón, el buitre, el canalla, el charlatán, el cizañoso, el chismoso, el descarado, el envidioso, el falseta, el gallinazo, el hipócrita, el incompetente, el indigno, el inestable, el infantil, el inmoral, el irresponsable, el majadero, el mercenario, el mitómano, el payaso y el perverso, para reconocer que estábamos por el mal camino y ¡oh!, arrepentirnos y volvernos buenitos.

Pero ahora, con el entierro y la subsiguiente dolorosa sepultura de ese segmento ¿qué vamos a hacer? Hemos perdido para siempre, la orientación, el rumbo, la voz que nos orienta, la que nos guía. ¡Ya lloro!

lunes, 11 de octubre de 2010

De la mala a la buena fe

El excelentísimo señor Presidente de la República dijo que soy un periodista de mala fe. Ese fue el día más triste de mi vida, en que me sentí no solo acongojado, sino, sobre todo, contrito, arrepentido. Si antes, ¡ay, mísero de mí!, fui horrible, ahora he decidido cambiar de fe y hacer que la mala siaga buena. Por eso voy a apoyar al Gobierno y resaltar todas, pero todas sus virtudes, para así contribuir a que la revolución se fortalezca y el Presidente nunca más vaya a ningún hospital.
Así pues, henchido de buena fe, resalto un hecho digno de todo encomio: el viaje del Presidente de la Asamblea y de una legisladora en el avión presidencial al Canadá: el Corcho llevando como sus acompañantes a su esposa y a un nietito, y la legisladora Linda Machuca llevando a su hijito de apenas cinco añitos. Los dos, según dijeron, tenían buenas razones para viajar acompañados: el Corcho porque, después de cinco días de trabajo agotador, no había podido estar con su esposa y su nietito durante ese lapso tan largo, y la legisladora Linda porque no tenía con quién dejar a su hijito lindo si ella se iba al Canadá solita. Entonces, como buenos asambleístas, hicieron pasar al avión presidencial a sus parientes por el ministerio de la ley.
Con ese ejemplo de cinturones de seguridad limpios, maletas lúcidas y shopings ardientes, de hoy en adelante todos los funcionarios públicos y legisladores deben viajar acompañados de sus familiares, sobre todo cuando vean que en los vehículos del Estado hay asientos vacíos. ¡Cómo se fomentará así la unión y no la subversión y el caos! Todos estarían felices y nunca más se mostrarían insultones, cabriados, cejijuntos, prepotentes, indialogantes, necios, sordos, mañosos, mentirosos.
¿Quién se va a oponer que durante un fin de semana el funcionario que ha trabajado como bestia durante muchos días se vaya a la playa en un vehículo oficial, con su familia? ¿Acaso no tiene derecho de salir en pos de recogimiento y solaz para tomar el sol luego de haber estado en la sombra de su despacho? Y si es de alto rango, ¿no será prudente que lleve también a sus guardaespaldas, no vaya a ser que en la playa la insolación policial le sorprenda a él y a su familia? ¿Quién les cuida a él y a sus parientes de los imprevistos, arteros ataques de los rayos ultravioletas que, tranquilamente, pueden ser lanzados por los conspiradores apostados en la arena?
Esa creo que es la gran lección que, en esta hora en que no habrá perdón ni olvido, nos deja la revolución ciudadana: luchar porque la familia no se desintegre jamás de los jamases y no dé mal ejemplo con su separación física, química y espiritual.
Lo único que habría que cuidar es que, así como se van los funcionarios, regresen. Y en eso sí debería actuar la Contraloría para que les fiscalice y les cuente: si se fueron cuatro, que regresen cuatro; si cinco, cinco; si se fue una pareja, que regrese la misma pareja y no cambiada. Y así.
¡Qué ejemplo preclaro dan al país las familias de la revolución ciudadana con su sentido de hogar, su afecto limpio y puro y el uso de los bienes del Estado en aras del cariño verdadero! ¡Ojalá el Gobierno continúe igualito durante los 300 años que le faltan!
¡Viva nuestra buena fe en la revolución ciudadana!
¡Hasta la familia, siempre!
http://www.eluniverso.com/2010/10/10/1/1363/mala-buena-fe.html




lunes, 12 de julio de 2010

La transmisión

Francisco Febres Cordero
¡Qué bruto el Alvarado! En lugar de gastar ese platal en los spots contra los medios, difundidos a lo largo y ancho del Mundial, era de que mande a hacer unos bellos spots educativos y con eso los ecuatorianos (y ecuatorianas) terminábamos ganando el partido contra la ignorancia por goliada. Tal vez hasta salíamos, como le gusta al Correa, con un phd en cultura ciudadana.
Y es que los sociólogos de Alianza PAIS decían, antes de llegar al poder, que los medios de comunicación no solo debían servir para informar, sino también para formar. Pero ahora que son gobierno y tienen una cantidad de medios en su poder, cambiaron su pénsum didáctico y dicen que los medios gubernamentales tienen como su misión más alta, más dignificante, más idónea, la de insultar a los medios independientes. ¡Y qué fiero que insultan y calumnian!
No pues, así no vale. Verás Alvarado, te cuento. Cuando se hace una campaña cívica por la tele, la conducta de la gente se modifica. En la época en que Rodrigo Paz fue alcalde de Quito se utilizó una figura emblemática, la del Omoto Albán, para que, en forma de muñeco animado, enseñara a la gente, a través de spots publicitarios llenos de humor y gracia, que no tenía que orinar en la calle ni utilizar las paredes ni las esquinas como mingitorios (¡qué elegantes palabras que uso cuando ya me hago pipí!).
Lo cierto es que, sobre todo en el Centro Histórico, las esquinas y las escalinatas eran los sitios preferidos por quienes deambulaban y, llamados, por la urgencia, ya se hacían. Y se hacían, mismamente, ahí donde veían una pared que les guiñaba el ojo.
Bueno, tanto darle y darle con los spots, la gente fue entendiendo que su acción resultaba perniciosa no solo para la estética, sino para la salud de los habitantes y que los malos olores, ¡atatay!, atentaban contra el resto de la población. Por eso, la ciudadanía (como les gusta decir a los de Alianza PAIS) se adueñó de la campaña y al que le sorprendían in fraganti desaguando contra una pared, le corregían hasta que el que había sido cogido en falta suspendía su acción ad infinitum y, con cara de qué vergüenza, guardaba su instrumento y no volvía a orinar nunca más.
Tan buen resultado dio la campaña, que la gente ya no hacía pipí. Cuatro años creo que se aguantó las ganas. Cierto es que andaba así, un poco con las piernas entrecruzadas y con los ojos saltones. Pero como la función hace al órgano, las paredes dejaron de estar manchadas, las calles perdieron su humedad y de las esquinas se evaporó ese pungente vaho a amoniaco. ¡Qué maravilla!
¿Ya ves, Alvarado, que sí se puede educar con publicidad, en lugar de insultar? ¡Qué bellos spots que hubiera podido hacer el Gobierno! Chuta, hubiera dicho, por ejemplo, “Ciudadanos: cuando vean pasar al Presidente de la República, absténganse de darle yuca, porque es un tubérculo duro y peligroso, denle más bien cebiche, que le encanta”. Y así, todos hubiéramos sacado a las esquinas cebiches, ora de concha, ora de camarón, para lanzárselos al paso, con lo cual el presidente hubiera quedado feliz. Y nosotros también.
¡Qué cultura cívica que hubiéramos adquirido! ¡Cómo hubiéramos cambiado! El Alvarado, por insultón, perdió su gran oportunidad de pasar a la historia como el gran educador. ¡Qué bruto!

martes, 25 de mayo de 2010

La Batalla del Pichincha

Francisco Febres Cordero
Tonces subieron por las faldas del Pichincha los buenos, que iban a derrotar a los malos, o sea a los representantes del rey. A la cabeza del ejército libertario estaba el Sucre, y a la cabeza del ejército realista, el dólar. Ay no, qué bruto, el Aymerich, quise decir. Cuando estaban en plena escalada para ganar las alturas y desde ahí sorprender a los realistas, los patriotas se encontraban al borde del soponcio porque tenían que empujar los cañones, cargar pólvora, alimentos y las vituallas necesarias para la batalla que sellaría nuestra independencia. Mientras los realistas ascendían por el flanco derecho, los patriotas lo hacían por el flanco izquierdo, que era su preferido.
Al mando de uno de los pelotones estaba un pelotón, ¡ay no, qué bruto!, un mocetón fornido, que, ataviado con su traje de boy scout, hizo un alto en medio de la ladera para desayunar, acción que fue vitoreada por el resto de los pelotones que le acompañaban. En efecto, las guarichas que iban con los patriotas ofrecieron al boy scout y a su pelotón cebiche de concha, bolón de verde, guatita, hornado, llapingachos y jugo de mora, mientras el chef belga ofrecía una bouillabaisse de poisson al aioli revolucioanrí patriotíc, manjares que dieron a los soldados fuerzas para proseguir su ascenso. En eso sonó el primer cañonazo enemigo. ¡Cof, cof!, los patriotas se atoraron y empuñaron sus fusiles, mientras el líder ofrecía que en la próxima batalla iba a establecer los desayunos itinerantes, como estrategia para despistar al enemigo.
El líder desplegó un mapa y ordenó ir más hacia la izquierda, instante en que sonaron otros cañonazos enemigos que fueron respondidos por los patriotas, alentados por la voz de su líder, que acompañaba cada disparo con gritos de tomen pitufos para que aprendan, ahí les va este misil, pelucones mediocres, mueran cachetones, enanos latin lovers, realistas disfrazados de periodistas que no han ganado jamás una elección, gallinazos, matones de barrio, caretucos, términos que llegaron a los oídos de los enemigos que, como españoles que eran, respondieron con voces de ahí os enviamos este disparo, gilipollas, a ver si soportais estos bazucazos, so guarros, madridistas, granujas, viceberzas, truhanes, lo cual produjo una contraofensiva feroz del líder que, junto con un cañonazo mandó a todo el bando enemigo a la casa de la verbena. Pero de la verbena de la paloma, frase letal que no halló una respuesta a tono por parte de los realistas, que quedaron desconcertados.
Viendo que el enemigo se debilitaba ante semejante ofensiva, el líder aprovechó para reforzar su táctica de combate y, en cadena nacional, anunciar que la revolución estaba en marcha y que la patria ya era de todos.
Fue tal el impacto que tan genial estrategia bélica causó entre los realistas, que comenzaron a desmoronarse moralmente. ¡Joder!, se decían unos a otros, nos está despedazando el patriota ese que no para de insultarnos.
Sin poder replicar los disparos verbales y viéndose totalmente perdidos, los realistas arriaron su bandera y se marcharon derrotados, cabizbajos, mientras los patriotas gritaban ¡ganamos!, ¡viva la revolución! ¡Abajo los pelucones! ¡La patria ya es de todos! ¡Viva nuestro nuevo rey, viva, viva!

lunes, 26 de abril de 2010

El pólipo

Francisco Febres Cordero
Hasta mi consulta llegó el arquitecto Fernando Cordero, quien caminaba con la cintura doblada hacia adelante y mostraba un rostro constreñido. Cuando le averigüé cuál era el motivo de su afección, me manifestó que sentía agudas molestias en su intestino, algo parecido a un tapón que le importunaba en los momentos más cruciales de su febril actividad.
Al requerirle ciertos datos para elaborar su historia clínica, me dijo que, lamentablemente, no había recibido instrucciones del Presidente de la República y que, por tanto, no podía contestarme nada sobre su ocupación porque desconocía si tenía que aprobar o no qué leyes, y en qué tiempo, ni tampoco podía decirme nada sobre sus responsabilidades hasta no recibir nuevas instrucciones, aunque de lo único que estaba seguro era de tener un intestino revolucionario. Sin embargo, al acordarse de la ley de aguas, en un acto reflejo me solicitó el baño.
Luego procedí a suministrarle una pequeña dosis de anestesia para efectuarle una endoscopia por la que, clínicamente, se conoce como la segunda vía, a través de la cual divisé un pólipo que, a manera de corcho, impedía el paso de los alimentos hacia la parte baja del intestino. Por la calma que el paciente exhibió el momento del examen, pude concluir que no tenía nada irritable, menos aún el colon.
El paciente mostraba incomodidad cuando se le pedía que optara por otra postura que no fuera la genuflexa, posición que, según me dijo, era la que empleaba cuando experimentaba una mayor presión de naturaleza no estomacal sino política.
Procedí a llevarlo al quirófano para la extirpación del pólipo, ante lo cual me pidió que esperara porque primero tenía que dar una rueda de prensa para evacuar. Ante mi sorpresa, aclaró que la evacuación se refería a los problemas que tenía pendientes, porque repentinamente había aparecido en la Asamblea una epidemia que hizo que la comisión de fiscalización tampoco haya podido evacuar el juicio político al Fiscal y que, sin evacuación, se corría el riesgo de que ocurriera una oclusión que, políticamente, podía tener impredecibles consecuencias en la revolución ciudadana, con luchas que –literalmente– serían intestinas entre los bandos a favor y en contra del Fiscal.
Sin hacer caso de su solicitud y dado que la operación era de carácter urgente, procedí a extraerle el pólipo, sin ninguna complicación ni inmediata ni –literalmente– posterior.
Cuando, pasado el efecto del sedante, le pregunté cómo se sentía, me manifestó que ni le dolía ni no le dolía, que ni sentía ni no sentía, que ni le molestaba ni no le molestaba, por lo cual parecía que su intestino estaba en estado de indefinición o limbo.
Además de recetarle unos supositorios que debían ser administrados por vía oral, le recomendé que abandonara la posición genuflexa, para evitarse molestias que podían afectarle a sus enzimas. Me dijo que no me preocupara porque, como presidente de la Asamblea, el único encima que tenía era el excelentísimo señor Presidente de la República, ante quien ¡por fin!, ahora podía presentarse con un intestino ardiente y, gracias a mi oportuna intervención, absolutamente lúcido.
f.) Dr. Franklin Delano y Más
Médico.

lunes, 19 de abril de 2010

Pico y Placa

Francisco Febres Cordero
¿Sí saben ustedes lo ques el Pico y Placa? No se preocupen, que yo les explaca. Ay no, yo les expico, quiero decir.
Es una restricción que van a poner para que cierren el pico los que hablan mucho, creo. Y muy bien me parece. Porque, por ejemplo, al chofer que maneja por aire, mar y tierra el destino del país le sobra pico y, empicadísmo, da su veredicto y dice que el Fiscal es el mejor policía de tránsito que se ha inventado, impoluto, inoloro, incoloro e indoloro, inimputable, inejecutable, inmaculado, inmarcesible, mientras que los que buscan enjuiciarle son unos irresponsables que primero deben despojarse de su inmunidad para que se vuelvan responsables. Después, en su calidad de dueño absoluto del volante, exhibe la placa que le permite andar con escolta, volar en avión privado y tener chef belga, y se mete sin que nadie le pare el carro en plena Asamblea, invadiendo vía.
Entonces, sí está bien que haya una ley que diga que solo puede hablar ciertos días y otros deben permanecer cerrado el pico, por más placas que tenga y por más que quiera intervenir en todo, con el argumento de que él es 4x4. Y full equipo.
¿Cómo? ¿Qué la restricción es solo para los autos? No, pues, no creo que esa sea una buena interpretación. Porque ¿quién maneja los autos? ¿Acaso que los autos se movilizan por control remoto? Los autos son los que tienen la placa, pero son ciertos choferes los que tienen que cerrar el pico. Y entonces el tránsito se va a mejorar mucho, porque el que maneja el país ya no va a poder pitar como loco al de adelante apenas se pone el semáforo en verde, para que se mueva. ¡Más impaciente que es! ¡Más cabriado! ¡Más insultón! Chuta, si cuando rebasa a un vehículo le pasa gritando “¡pitufo!”, “¡basura!”, “¡ignorante!” al man del Volkswagen escarabajo que queda atrás. Y después saca la mano y le hace una mala seña. ¡Ay no, esa mala seña creo que le hace el del escarabajo! Y con toda la razón. Aunque, claro, enseguidita le meten preso.
Total, todo va a cambiar desde el 3 de mayo, en que comience a regir la medida. Hasta entonces, hay que aguantarse. Pero, mientras tanto, ojalá también cierre el pico ese que, llamado a juicio político, se pasa inaugurando edificios de la Fiscalía, recibiendo adhesiones de hérue por parte de sus subalternos del volante que le hacen calle de honor para que pase. ¡Qué humilde que es! Dice que, aunque no le gustan los Porsche, tuvo que sacrificarse andando en uno de esos porque, ¡pobrecito!, fue el que le ofreció el Consep, y que tampoco sabe por qué después remató ese carrazo el primo de su mujer en solo veinte mil dólares. ¡Tan ingenuo que es el chofer que maneja toda la justicia en el país! ¡Tan bueno para acelerar en retro y decir que tampoco sabe nada de andar amenazando a quienes le quieren quitar la licencia y mandarle al garaje o, por lo menos, a que le cambien de aceite! Tan diestro para coger las curvas y decir que él nunca ha hecho nada ilegal y que en la caja de herramientas de su Porsche jamás de los jamases ha llevado al hombre del maletín, sino solo una gata. Y llave de ruedas, claro.
O sea que desde mayo creo que vamos lograr que por lo menos una vez a la semana cierren el pico esos que hablan toditos los días prevalidos de su placa. Ojalá.

lunes, 5 de abril de 2010

Ni con el pétalo de una rosa

Francisco Febres Cordero
En este Domingo de Resurrección no hay cómo hablar de política porque nos volvemos pescado. ¡Ay no, perdón, qué insulto! Ahora verán nomás que el gobierno me demanda por calumniador y me mete tres años al mar.
Chuta, es que ya captamos el mensaje: ahora hay que escribir todo con mucho cuidado, sopesando cada palabra, midiendo cada frase, porque cualquier cosa que uno dice puede ser motivo de demanda. De hoy en adelante, el vocabulario tiene que ser muy seleccionado cuando uno haga referencia a alguien de la revolución ciudadana, porque si no sale una jueza y ¡zas!, le echa el guante al escriba y le cobra diez mil dólares de costas procesales y tres millones de indemnización.
Ya entendí:
a los revolucionarios no hay cómo rozarles ni con el pétalo de una rosa porque, para qué también, han sido bien susceptibles. Pero, más que susceptibles, muy bien entroncados con la justicia.
¿Cómo tendrá que hacer uno para dirigirse a ellos sin que se ofendan?
Creo que la primera regla es no emplear jamás de los jamases las palabras terminadas en on, como matón.
Y otras, como usufructuario de contratos sin licitación,
comedores de cheques que causan indigestión,
violadores sistemáticos de la Constitución.
Y así.
Después, tampoco hay cómo escribirles nada por el periódico porque, como para ellos la prensa es un bien público, lo que se publique allí causa gran conmoción social.
Y a la revolución ciudadana solo le gusta la conmoción privada. ¿No se han enterado cómo en privado el excelentísimo señor presidente de la República les saca la recontramadre a cada uno de los miembros del gabinete? Y, claro, ellas (y ellos) se lamentan de tanto insulto, lloran en las reuniones itinerantes a lágrima viva, pero sus lamentos no causan conmoción social porque se originan en puteadas de carácter privado. Eso sí hay cómo. O sea, si alguien quiere decirles algo a los revolucionarios, hay que recurrir al correo, sea este manual, oral u electrónico, y ahí señalarles libremente y sin temor sus trapacerías, sus mentiras, sus engaños, sus abusos de poder, sus utilizaciones bastardas de los fondos públicos, su demagogia, el ejercicio de sus más abyectas venganzas, sus incontables muestras de autoritarismo, su descalificación a todo aquel que se atreva a pensar de manera diferente, su burdo menosprecio a aquellos a quienes consideran opositores
¿Qué más tendremos que hacer para escribir sin herir la sensibilidad revolucionaria, que está siempre a flor de piel? Tal vez ha de haber que remitirse a la lista oficial de insultos, y no salirse de ella. Así, por ejemplo, matón sí ha sido insulto, pero matón de barrio, no.
Cara ha sido insulto,
pero cara de estreñido, no.
Buitres ha sido insulto,
pero buitres especuladores, no.
Enano ha sido insulto,
pero enano fachín, no.
Y así.
Con la lista oficial, sí hay cómo decirles tranquilamente que son unos puercos,
enfermos,
perros,
tontos,
garroteros,
corruptos
y miserables.
Y no pasa nada.
Híjoles, pero como ahora es Domingo de Resurrección y no hay cómo hablar de política, más bien me callo. No vaya a ser que me resuciten para convertirme en bacalao.
¡Qué miedo!

lunes, 29 de marzo de 2010

Las crisis

Francisco Febres Cordero
¡Híjoles la crisis de gabinete! Pobre el Correa, con ese montón de cartas de renuncia encima. Bueno, culpa de él mismo es porque ¡qué cantidad de ministerios que ha creado! Y lo peor es que algunos, siendo uno, son dos: el de Seguridad interna y externa, por ejemplo. De Salud también creo que hay dos: de Salud interna (tipo útero, hígado, esófago) y externa (tipo ambulancias, camillas, botox). Y así.
Sea como sea, el único ministro que existe en la práctica es el excelentísimo señor presidente de la República, en quien todo converge, quien todo autoriza, sin cuya aprobación nada se mueve.
Allá él con la cantidad de ministros a los que no les deja hacer nada por sí mismos y les maneja como si todos fueran unos ineptos. Y no son todos, pues. Solo la mayoría. Total, tiene la potestad de despachar a los que quiera y cantarles que les vaya bonito. Bonito en las embajadas que les ha de dar para que no se resientan, digo. ¡Qué ternura!
Y es que, para qué también, el excelentísimo señor presidente de la República es bien leal con sus amigos, a pesar de que dijo que entre la verdad y la amistad, escoge la verdad. ¿Se acuerdan con qué verdad le defendió a ese que era superintendente de Compañías, cobraba diezmos a los empleados y a las funcionaras les trataba de la tetona, la culona, la enana? Y después, ¿se acuerdan con qué verdad le defendió a su ministro de Deportes, a cuyos asesores les encontraron con maletas repletas de billetes y convirtiendo a los cheques en comida gourmet? Y ahora, ¿están viendo con qué verdad le defiende al fiscal?
Y es que el excelentísimo señor presidente de la República con tal de proteger a sus amigotes y atacar a sus enemigotes se va contra todo. Para él no hay división de poderes. Él copa todos los espacios. Y cuando no le hacen caso, entra en crisis ¡y se pega unas cabriadas!
Cómo será, que hasta les pidió a los asambleístas que renuncien a su inmunidad para que después el fiscal les pueda sacar la perimbucha y meterles presos, por atrevidos. Aunque como el excelentísimo señor presidente de la República defiende la verdad antes que la amistad, dijo que no les había pedido a los asambleístas que renuncien a la inmunidad, como todos le oímos que dijo, sino que la prensa corrupta no había captado la verdadera intención de sus palabras. ¿Entendieron? ¡Ahora la prensa tiene que captar las intenciones del siempre bien intencionado excelentísimo señor presidente de la República!
O sea, no solo el gabinete es el que está en crisis sino el excelentísimo señor presidente de la República enterito. Cómo será la crisis que tiene, que en el juicio que le metió el Samán ese que hay al Emilio Palacio, el excelentísimo señor presidente de la República dijo que bien hechito que le haya metido, porque la libertad de prensa no es insultar, calumniar, difamar. ¡El excelentísimo señor presidente de la República proclamando que no hay que insultar, que no hay que difamar, que no hay que calumniar! ¡Él, que cada sábado no hace más que eso contra todos los que se le ponen al frente! ¡Él dando lecciones de cortesía, comprensión y buen trato! ¡Él, que al que menos llama estúpido, idiota, ignorante, imbécil, basura, bruto!
Mismo mismo está en plena crisis el pobre excelentísimo presidente. Chuta, ojalá se mande él también una carta de renuncia.
Y se la acepte.

lunes, 22 de marzo de 2010

La reunión secreta

Francisco Febres Cordero
La reunión del gabinete del presidente Correa con el buró político del presidente Correa para analizar el gobierno del presidente Correa y señalar los lineamientos futuros del presidente Correa, se cumplió con todo éxito en la base naval del presidente Correa. ¡Ay no!, en la base naval de Salinas, quise decir. A pesar del hermetismo en que se desarrolló el encuentro, presentamos algunos de los puntos tratados, que lograron filtrarse subrepticiamente:
1.- La cita se inició después de un frugal desayuno (como con tanto acierto dice el presidente Correa, hay que valorar la cocina ecuatoriana. Por eso, él tiene en el Palacio un chef belga). El menú consistió en bolón de verde; majado con chicharrón y huevo frito; muchines de yuca; yuca sola para la Junta Cívica y la Conaie, juntas; pan y café.
2.- Inspección a un submarino indio que, junto con seis helicópteros más, podría comprar el Ecuador; lamentablemente, luego de varios intentos el submarino no se sumergió ni de fundas. Juramento del ministro de Defensa de que de ahora en adelante con los indios, nada.
3.- Recreo. Competencia de ensacados, juego de pegue la cola al burro y carrera de muletas.
4.- Retorno a la sala de sesiones y conferencia. O sea conferencia telefónica con Panamá para escuchar de viva voz el ofrecimiento del líder del PRE de que no se presentará como candidato a la presidencia de la República sino que optará por la alcaldía de Guayaquil para derrotar al líder de la oligarquía Jaime Nebot. Enfervorizados saludos a la justicia y a la revolución ciudadana que, según le han informado sus hordas, está en marcha.
5.- Informe de la ministra María Elsa Viteri sobre el no pago de la deuda de 773,5 millones al IESS, por estrategia política, en vista de que si el Gobierno pagaría, el IESS gastaría esa plata en pensiones para los jubilados, cesantías, montepíos, quirografarios, hipotecarios y otros rubros insustanciales, impropios de una revolución ciudadana que ya pagó una vez la deuda histórica y después se volvió a endeudar en la misma cantidad, que también es histórica porque ahora la deuda al Seguro Social ya no solo es histórica, sino que también es de todos. Aplausos por la claridad de la explicación, que dejó a la concurrencia absolutamente henchida de intereses y moras.
6.- Informe de labores del excelentísimo señor Presidente de la República sobre su campaña en contra de la prensa corrupta y presentación de las siguientes radios oficiales: Nacional, Pública, TC Radio, Universal, El Telégrafo, Súper K 800 y Radio la Prensa.
7.- Ingreso, a hombros de seis marinos, de un televisor plasma y pantalla gigante para que el excelentísimo señor presidente de la República pueda presentar sus seis canales adquiridos con tanto esfuerzo: Gamatv, TC Televisión, Cable Noticias, Cable Deportes, Ecuador TV y América Visión.
8.- Reparto de un ejemplar (por persona) de las revistas oficiales La Onda, El Agro, Samborondón y Valles Quito, y de los periódicos El Telégrafo y El Ciudadano. Presentación del proyecto del nuevo Periódico Popular (P.P.).
9.- Lectura de algunas excelentes noticias de la agencia de noticias Los Andes y declaración de que el Ecuador es un país libre de analfabetismo y en proceso de liberarse del horrendo yugo que constituye la libertad de expresión.
10.- Coreación del himno El mar ya es de todos, y regreso a Quito en avión en vista de que el submarino siguió sin poder sumergirse.

jueves, 11 de marzo de 2010

Mala racha

Francisco Febres Cordero
Pobre el excelentísimo señor presidente de la República. ¡Me entró una pena! Y es que un ser humano al que le ocurra una tercera parte de las tragedias que le están ocurriendo a él se desmoronaría. Pero, por suerte, él no: sigue gritón,
mandón,
insultón,
insomne,
viajón,
comelón
y cantón.
Bueno, pero yo lo que creo es que al excelentísimo señor presidente de la República lo primero que le debe afectar es estar nerviudo, como decimos los psicólogos. Aunque no parece que está totalmente nerviudo sino medio nomás, porque si bien unos dicen que está viviendo en el Palacio y otros dicen que no, él dijo que enfrenta los problemas propios de cualquier matrimonio. Aparte, tiene otros problemas filiales con su hermanito Fabricio, que de cuando en cuando denuncia los círculos que le rodean y que son de Victoria Secret para arriba. Y para abajo. Y problemas con sus amigos como el Betí Acosta, que antes era íntimo y ahora es desíntimo.
Hasta aquí, cualquiera que tenga que encarar tanto drama tendría que pasarse con agüitas de valeriana y valium cada tres horas, por lo menos. Pero, encima, al excelentísimo señor presidente de la República cuando pasa por la calle le gritan y le hacen malas señas y por eso él, como está con los nervios de punta, se baja a perseguir al que le grita y como no le agarra él, le agarra la Policía y le saca la perimbucha y el excelentísimo señor presidente de la República después tiene que dar retro y pedir disculpas al gritón que no había gritada nada. ¡Qué tragedia!
Y eso que eso pasó cuando el excelentísimo señor presidente de la República todavía andaba. ¡Chuta! Es que, como los males no vienen solos, el excelentísimo señor presidente de la República va y ¡tac!, se hace pomada los meniscos,
los ligamentos,
los húmeros
y los peronés de la rodilla,
y tiene que marchar a Cuba a que le desenrodillen. Y los cubanos, que son malísimos, en lugar de devolvérnoslo completamente refaccionado, nos lo envían, ¡ay!, en silla de ruedas. Justo a él, que es tan hiperactivo,
tan trotador,
tan bicicletero,
que le encanta subirse a las tarimas y bailar,
le dan el tate quieto y le obligan a estar desactivado.
Como ahora el pobrecito sigue entre la silla de ruedas y las muletas, no puede vigilar bien lo que está pasando en su gobierno y entonces acepta nomás lo que le dicen sus ministros y asesores y por eso asegura que todo en el país está perfecto y que ahora sí ya tenemos salud y ya tenemos educación sin un solo analfabeto y ya tenemos carreteras sin un solo hueco y sin una sola licitación y ya tenemos prisiones modelos y casas y... ¡Híjoles!, eso creo que sus asesores ya le decían antes de que esté en silla de ruedas. Ahora creo que le dicen otras cosas mejores.
En todo caso, para que no le hagan creer lo que nues está que más bien que se vaya otra vez a Cuba y cuando regrese sano de la rodilla, se baje del auto y les persiga a todos los que le mienten y le pintan una realidad que no existe. Y ya.
Ahí, por fin, se le ha de acabar la mala racha que tanto se está ensañando con el excelentísimo que, a este paso, cualquier rato hasta se queda con la lengua totalmente en republiquetas.
¡Ay no, qué bruto!, totalmente en muletas quise decir.

martes, 19 de enero de 2010

El festejo

Francisco Febres Cordero
¡Viva la fiesta! Muy bien me parece que el excelentísimo señor Presidente de la República celebre su tercer año de gobierno con un incesante despliegue de discursos, proclamas, cadenas, músicas, bailes y una enorme caravana de buses que viaja de aquí para allá llevando miles de personas para que griten, aplaudan, bailen, coman y beban, como en todo festejo que se respeta.
Y es que, al fin y al cabo, son tres años en que la patria ya es de todos. Tan de todos, que solo los pelucones son apátridas. Bueno, y también los vendepatrias de la oposición. Y los indios apátridas que hacen marchas. Y los periodistas de la prensa corrupta. Y los Iteteses con su infantilismo ecológico. Y los economistas que no saben nada de economía y, como no saben, no quieren que el Gobierno gaste como loco y se endeude también como loco. Y los horribles pacifistas que se oponen a la creciente compra de armas. Y los estúpidos cara e’tucos que no entienden que la inseguridad ciudadana es culpa de la larga noche neoliberal y que la violencia es solo una percepción. Salvo todos estos retrógrados, la patria ya es de todos.
Porque ha de saberse que la patria se fundó en Montecristi con la construcción de unas bellas, modernas edificaciones, con cenizas incluidas, que sirvieron de sede para la Asamblea. Lo malo es que como está un poquito cuarteada del monte para abajo, hacia el lado de Cristi, tal vez no aguante para otra Asamblea. Pero cuando estaba todavía sin cuartearse mucho, también se festejó allí la expedición de la nueva Constitución que es bien incluyente de ellos y ellas y de la Pachamama y la sumak kawsai y del diversidad y la diversidad y del ecosistema y la ecosistema y de todo mismo. Y misma.
Lo cierto es que antes de Montecristi no había patria. Había solo una larga noche neoliberal que era bien oscura. Pero no pues por culpa de estos bellos, románticos apagones con que el Correa celebra su tercer año de gobierno, sino por culpa de quienes la gobernaban que eran todos, todos, unos pobres hombres y no como los de ahora que son unos ricos hombres. Cómo serán de ricos, que algunos hasta se comen los cheques que les sobran de su paso por los ministerios y de los contratos sin licitación y de las magnas obras sin control que se hacen a lo largo y ancho de la patria, que ya es de todos. De todos, pero un poquito más es de ellos, claro.
Pero un poquito más nomás. No vayan a creer. O sea el poquito que les representa volar en aviones privados, tener chef belga, andar en carros custodiados por cien guardaespaldas que van en otros carros que, como la patria, son de todos, y gastar la plata del fisco en orquestas, comilona y baile. Sobre todo la patria es de todos los que le hacen una mala seña al excelentísimo señor Presidente de la República y terminan presos, los pobres, en esas cárceles que son de todos.
O sea bien está que festejen nomás arriba de muchas tarimas los tres años de la revolución ciudadana. Bien merecido lo tienen porque nos han dado mucha felicidad y muchos insultos y muchas cadenas y también clausuras que agradecemos mucho, pero mucho. Tanto, que ya lloro de la emoción. ¡Viva la fiesta!

martes, 22 de diciembre de 2009

El 1-0

Francisco Febres Cordero
Cuando el Excelentísimo señor Presidente de la República anunció que si la naturaleza se ponía en su contra, él derrotaría a la naturaleza, yo sí dije chuta, ¡se jodió la naturaleza! Con qué ilusión esperé que, al comenzar esta lucha, el Alvarado se mandara por lo menos unas tres cadenitas nacionales en que le sacara la perimbucha a la naturaleza, pero en su lugar se mandó unas cadenotas en que les sacaba la perimbucha a la prensa corrupta.
¡Qué bruto el Alvarado! ¡Qué oportunidad que perdió! Todo el mundo le hubiera apoyado al Gobierno en su batalla contra la naturaleza, a la que había que derrotar porque desde que se pasó a la oposición y se volvió malísima, ya no produce ozono para la capa de ozono ni efecto invernadero para los invernaderos. ¡Qué horrible la naturaleza! Cómo será que hace que las nubes migren a España y con eso tiene a todo el Gobierno, seco, sin lluvias.
Por eso, cuando llegó el 15 de diciembre, día fijado por el Excelentísimo señor Presidente de la República para que terminaran los apagones, yo volví a decir bueno, el Excelentísimo señor Presidente ya le ha de haber derrotado a la naturaleza, tal como prometió, y ahora sí ¡se jodieron los apagones!
Total, ¡qué decepción! La naturaleza sigue tan campante y los apagones también siguen tan campantes, como en la mejor época del paleolítico, con Sixto.
¿Y el Excelentísimo señor Presidente de la República?, me preguntarán ustedes. Y yo les responderé que por ahí ha de continuar vociferando contra la naturaleza mediocre que, producto de la larga noche neoliberal, nos tiene a todos sumidos en la oscuridad sin hacer que llueva en Paute, ni hacer que las turbinas que trajo el gobierno revolucionario funcionen, ni que las termoeléctricas se prendan, ni que Mazar se inunde, ni nada mismo.
¡Qué pena que me da del Excelentísimo señor Presidente de la República! Él, que nunca ha sufrido una derrota, que ha ganado seis elecciones seguidas, que con su energía de diez mil megavatios hora tanto ha hecho llorar a sus ministresas en el Gabinete y ha lanzado brutales descargas contra sus ministros. Él, que se siente invicto, acaba de perder por 1-0 su primera batalla contra una enemiga intrascendente, mediocre, corrupta, que no obedeció sus órdenes de que inmediatamente lloviera en Paute.
Es que si llovía cuando el Excelentísimo señor Presidente prometió que iba a llover, la gente se hubiera olvidado que, gracias al Gobierno de la revolución ciudadana, vivió un largo periodo en tinieblas, quebró sus negocios, tuvo que despedir empleados, vio televisión a vela y, sobre todo, anduvo chocándose porque no veía nada, pero lo que se dice es nada.
Bueno, no hay que exagerar. Subiendo a cualquier loma hasta ahora se alcanza a ver, en medio de tanta tiniebla, el resplandor de la revolución ciudadana que brillaba, literalmente, con luz propia porque para ella y solo para ella siguen funcionando las turbinas de Eloy Alfaro que alumbran desde Montecristi, creo.
Bueno, lo que hay que pedir es que en este segundo tiempo el Excelentísimo señor Presidente de la República se ponga a luchar a brazo partido contra la naturaleza y la derrote como prometió, a ver si empata.

lunes, 7 de diciembre de 2009

La voluntad suprema

Francisco Febres Cordero
Al regreso de su último viaje, el Excelentísimo señor Presidente de la República ha salido por los fueros de la majestad de su cargo y ha dicho que él no tiene por qué dar explicaciones sobre los invitados que le acompañan en sus giras.
Y en eso Su Excelencia lleva razón: por algo compró su avión particular para volar donde le dé la gana, sin que tampoco tenga que dar explicaciones a nadie sobre sus desplazamientos. Y por algo, también, lleva consigo a unos cuantos guardaespaldas para que lo protejan de cualquier atentado que hayan urdido contra él los malos, que son muchos y andan en busca de la ocasión más propicia para envenenar alguno de los potajes que con tanto esmero le prepara su chef belga.
No tiene el Excelentísimo señor Presidente de la República por qué dar explicaciones de ninguno de sus actos, porque su voluntad se ha elevado a la categoría de suprema ley: bajo ella está desde la interpretación de la Constitución hasta la orden de arresto contra cualquier ciudadano que ose expresar una opinión adversa.
De cuando en cuando llama a su despacho a los grupos sociales que buscan ciertas reivindicaciones y allá ordena acudir también al Presidente de la Asamblea para que, en el transcurso de la reunión, vaya tomando nota de las reformas legales que es menester ejecutar. Después, el Presidente envía a la Asamblea los textos de las tales reformas y cuida de que sus conmilitones las aprueben a pie juntillas, independientemente de que hayan hecho el sainete de discutirlas o no.
Aparece el Excelentísimo señor Presidente de la República en sus enlaces radiales sabatinos y, con regularidad pasmosa, injuria con su lengua bífida a cuanta persona haya expresado una opinión contraria a la suya, sin que luego de esa “rendición de cuentas” en que cuenta en un monólogo de horas solo lo que él quiere contar, tenga que dar explicación alguna sobre el daño a la honra ajena de todos quienes, para él, tienen la categoría de miserables, mediocres, idiotas o pitufos.
¿Por qué el Excelentísimo señor Presidente de la República ha de tener que dar explicaciones de lo que su Gobierno derrocha en publicidad, si él administra los dineros públicos con su sabiduría de economista graduado en el exterior, luego de padecer la ignominia de ser alumno de una universidad ecuatoriana que no le aportó a su formación más que un llanto que no cesa?
¿Por qué el Excelentísimo señor Presidente de la República ha de dar explicaciones sobre su obstinado, necio, testarudo afán de silenciar a la prensa mediante la expedición de una ley tan mañosa como truculenta? ¿Por qué ha de verse en la necesidad de explicar a nadie que su palabra es la única verdadera, y que cuestionarla es un acto que ofende no solo a su sabiduría omnímoda sino a la majestad de su cargo?
No tiene, en efecto, el Excelentísimo señor Presidente de la República, por qué explicar al país la razón de ninguno de sus hechos y sus dichos: a lo largo de su ya larga gestión, él ha revolucionado la democracia hasta transmutarla en autocracia y, vestido con sus camisas étnicas, ha empuñado su cetro de mandamás con el que pretende gobernar para siempre este país que, desde su prepotencia, cree poblado por estúpidos y eunucos, a quienes es posible someter a mandoblazos.

lunes, 26 de octubre de 2009

Gobierno de casino

Francisco Febres Cordero
Yo sí creo que este Gobierno es de casino. Tal vez ha de ser porque el Correa es coupier. No pues por la pinta, sino por cómo habla. Se para ahí al frente y, en lugar de decir no va más, como se usa en el léxico apostaticio, grita ¡ya basta! Y todo el mundo se queda paralizado y no acierta a colocar ni una ficha más. ¡Qué susto! ¡Eso es pues ser coupier!
Y, además, es superselectivo con los jugadores, también. Deja que a la mesa se acerque solo cierta gente. ¡Ese qué va a apostar, si ni siquiera me llega a la cintura!, dice. O sea, su juego es lo que en términos jugaditicios se llama “pitufos out”. Con razón que él, que es bien altote, siempre gana. Solo cuando llega su hermano Fabricio, que es más altote, se pone nervioso y pierde un poco. No pues las fichas, sino la cabeza.
Lo cierto es que la revolución ciudadana está poniéndose linda con la revelación de que a toditos les ha sabido encantar el juego. Es que ya estaba volviéndose aburrida, hablando solo de la espada de Bolívar que camina solita por América Latina, y de la cama de Bolívar, y del caballo de Bolívar. En cambio ahora, se ve que la revolución es, ¿cómo les dijera?, más humana. Sin tanto hérue y con ciertas flaquezas propias de los ludópatas que, queramos o no, son seres de carne y hueso. ¿Quién no ha jugado en su vida? ¿Quién no ha apostado algo? Ya ven: la revolución nos acerca a la cotidianidad.
Cómo será que hasta la Pierina ha sabido casiniar y recibir serenatas de mariachis que le van a cantar antes que la ruleta acabe de girar y la bola se detenga en el número inconsútil del incierto destino. ¡Qué lindo quiablo! ¡Qué también querré decir, pero qué palabras más inspiradas que empleo! Es que a mí también el juego me abre el apetito verbal y me vuelve como al Correa: un torrente. Pero la suerte es que a mí no me da por insultar, sino por la poesía.
¿En qué estábamos? Es que por andar pensando en los sortilegios, me perdí. Ah ya, de los casinos estábamos hablando. O sea de cómo en la revolución del siglo XXI la alta política está librada al azar. Y de cómo la suerte cambia a cada instante y un momento favorece a uno y otro momento favorece a otro. Ahora, por ejemplo, le está desfavoreciendo al un Correa, que está como perdiendo su capital de credibilidad en cada apuesta, y favoreciendo al otro Correa, que sacó jackpot con sus denuncias. ¿Sí me entienden, no? Es que los jugadores tenemos un lenguaje medio complicado, que no es para cualquiera.
En el casino de la revolución ciudadana. ¡Ay no, qué bruto, en el gobierno de la revolución ciudadana quise decir! Ahí se juega el todo por el todo, hasta el extremo de que mucho antes el Correa dijo que ya no iba a permitir que se jugara más en las máquinas tragamonedas, pero después, milagrosamente, estas proliferaron y los funcionarios cercanos al régimen ¡cómo comenzaron a apostar! Algunitos resultaron unos linces ora para la ruleta, ora para las máquinas tragaperras, que son su debilidad. Cómo será, que dizque se están haciendo ricos de tanto jugar porque donde ponen el dedo, les sale el póker. O bueno ya, les sale el diez por ciento. O los diez mil dólares mensuales. O los contratos sin licitación. Pero que ganan, ganan.
¡Qué suerte!

martes, 29 de septiembre de 2009

El periodismo y la ley

Francisco Febres Cordero
A mí sí me parece muy bien que se apruebe esa ley que el Panchana, sonreidísimo y totalmente eufórico, dice que ha hecho él y los malos dicen que lo único que ha hecho él es decir que la he hecho él. ¡Qué malos que son los malos con el pobre Panchana! Lo cierto es que está de que el Cordero la ponga rápido a consideración de los asambleístas para que ellos, también rápido, le alcen la mano. No, pues, al Panchana, sino a la ley, para aprobarla en su integridad, como se merece.
Y es que ¡cuánta sustancia que tiene la ley! ¡Qué articulada con muchos artículos que está!
¿Ustedes han leído el proyecto del Panchana? Yo tampoco, no se preocupen. Ni el Panchana creo que ha de haber leído.
Bueno, de lo que sé, la tal ley sirve para regular el ejercicio del periodismo. Con eso estoy totalmente de acuerdo porque en la revolución ciudadana todo lo que es regular debe ser mejorado para que deje de ser regular y pase a ser excelente.
Por eso la ley dice que de aquí en adelante pueden ser periodistas solo los que han estudiado periodismo. ¡Qué maravilla! Porque ahora hay unos que siacen los periodistas sin haber estudiado. O sea a esos hay que eliminarlos por mediocres, ineptos y torpes. ¡Híjoles, ahorita que me doy cuenta ya me fregué! Yo también voy a tener que comenzar a estudiar. ¡Horrible me está pareciendo la ley en este acápite! Ojalá el Panchana se dé cuenta de eso y, como tampoco él ha estudiado, salga por sus fueros y nos reivindique a todos los vagos, mediocres, calumniadores, infames y pitufos.
En cambio, una cosa que me parece muy bien de la ley es que los periodistas podemos desacatar una orden que viene del superior jerárquico, aduciendo objeción de conciencia. Bueno, pero para eso primerito el gobierno de la revolución ciudadana tiene que pasar otra ley en que el Correa nos otorgue conciencia porque, hasta el momento, él dice que somos totalmente inconscientes. Y otras muchas cosas también dice pero, como esas están totalmente fuera de la ley, mejor no las comento.
Lo que más me gusta es que, por fin, la ley sancionará a los que injurien, calumnien y atenten contra la honra de las personas. ¡Se jodió el Correa! Los sábados va a tener que quedarse callado por lo menos durante una de las tres horas que habla, para no ser sujeto de sanción. Ese artículo me suena a que fue redactado con dedicatoria por el círculo rosa para controlar al jefe que en calumnias, insultos e injurias supera a cualquier periodista, sea este persona, animal o cosa, con o sin título. De solo oír lo que dice el Correa, el círculo rosa se ha de poner rojo. Horrible.
Por último, la ley establece la integración de un Consejo que, como su nombre lo indica, es el que va a aconsejar qué se debe publicar y qué no, qué se debe decir y qué no, qué se debe televisar y qué no. Por eso, es mejor irse entrenando desde ahora y aprender a hablar bien del Correa, de la Asamblea, del Panchana, de la revolución ciudadana y de todos mismo para después poder seguir los consejos del Consejo a fin de que, aprobada la ley, no nos den el vire y nos callen para siempre jamás. Amén.

martes, 22 de septiembre de 2009

Informe médico

Francisco Febres Cordero
fines de la historia (clínica), certifico que el presidente de la República del Ecuador, compañero Rafael Correa Delgado, descendió por sus propios medios (pies) del avión que lo trajo a nuestra isla, un jet bolivariano facilitado por el compañero Hugo Rafael Chávez Frías.
Inmediatamente, el compañero Correa fue remitido a mi consulta para que evaluara, literalmente, su patología y, dentro de ella, conociera el estado de su rodilla derecha que, a simple vista, se me apareció rodeada por un círculo oscuro en la periferia de la articulación; conforme el círculo se cerraba alrededor de la rótula, adquiría una inequívoca tonalidad rosa.
Al ser auscultado no solo en su rodilla sino en la totalidad de su organismo, el compañero Correa dijo que había salido de su país cuando los maestros declararon un paro indefinido, los indígenas exigían la propiedad del agua, los campesinos reclamaban al Seguro Social y su hermano Fabricio amenazaba con ir a declarar ante la Fiscalía sobre los gastos de campaña. Ante semejante panorama, obviamente presentaba un cuadro que, clínicamente, se conoce como presión alta, más que en sus meniscos propiamente dicho, en todo el país en general.
Al solicitarle que se quedara quieto para un reconocimiento de la parte afectada, el paciente volvió a dar muestras de impaciencia y me acusó de mediocre, irresponsable, cara e’tuco, pelucón y enano solamente porque le pedí que levantara la pierna y doblara la articulación. Consideré que, clínicamente, lo que debe hacerse, en su próxima visita a Cuba, es operarle el órgano muscular ubicado en la cavidad de la boca (lengua), lo cual automáticamente servirá para corregirle sus rodillas, porque le evitará seguir metiendo las patas.
Acto seguido, se quejó de que no era la pierna lo que le atormentaba sino el brazo, lo cual se confirmó cuando el examen llegó a la altura del codo, articulación que se hinchaba, según propia confesión del enfermo, por falta de Coca. Este hecho (un inequívoco síntoma de abstinencia) me llevó a sospechar que el compañero Correa tenía una adicción inconfesable a esa nefasta bebida capitalista de origen norteamericano e imagen imperialista; sin embargo, el impaciente, entre quejidos, estertores y ayes, confesó que lo que más le dolía de todos los dolores que le aquejaban era la manera en que se hizo añicos su proyecto de electrificación estrella, que le dejó sin Coca. Y hasta sin Codo.
De súbito, el impaciente se sentó en la camilla en que yacía y solicitó la presencia de un equipo de oftalmología, petición que fue atendida de inmediato. Tras efectuarle un análisis detenido de los iris (dos) y las niñas (dos), el diagnóstico fue que los ojos (dos) del compañero Correa gozan de total buena vista y el presidente no tiene, como calumniosamente lo afirmó su hermano Fabricio, ningún ojo tuerto. Por lo tanto, clínicamente puede concluirse que al compañero presidente no le roban por ahí sino por algún otro lado de su organismo.
Acto seguido, el impaciente fue sedado y solo entonces se transformó en paciente, aprovechando lo cual se procedió a implantar en su rodilla un juego completo de cojinetes con la convicción revolucionaria de que, ahora sí, podría caminar hacia la victoria. Secret.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Recuperación de la autoestima

Francisco Febres Cordero
A mí me da una enorme, indefinible, intransmitible, intransferible tranquilidad saber, de boca del excelentísimo señor Presidente de la República, que todos (o casi) tenemos un zapato en el cerebro. Y el otro zapato tal vez ha de estar en el otro cerebro, porque, como los pulmones, los riñones, los ojos y los hígados, los cerebros también son dos. Eso último, claro, no lo dijo el excelentísimo señor presidente de la República, sino que, clínicamente, lo anoto yo.
Lo cierto es que escuchar al excelentísimo señor Presidente de la República en sus enlaces sabatinos de los sábados me devuelve la autoestima. Es que, francamente, gracias a sus preclaras palabras descubro que no soy solo yo el bruto que tiene un zapato en el cerebro, como creo para mis adentros, sino que el país está lleno de otros tan brutos como yo, de estúpidos que siempre hacemos mal las cosas, de mediocres que no hemos estudiado o, si hemos estudiado, hemos entendido poco o nada lo poco que hemos estudiado.
¡Qué paz espiritual que me produce eso! Qué feliz me siento al saber que no soy ni más ni menos bruto que los otros: estoy dentro del promedio bruto per cápita y por eso me equivoco tanto y tan seguido, interpreto todo al revés, digo una cosa por otra, nombro con otros nombres a las cosas, creo que tengo razón cuando la razón está exactamente en sentido contrario, hablo sin estar preparado, y así. O sea.
Y yo decía bueno, tal vez he de ser tan bestia porque soy periodista, en vista de que todos ellos son los más bestias entre los bestias. Pero no: poco a poco ha ido aclarándose, de boca del excelentísimo señor Presidente de la República, que también los bestias son los economistas, los abogados, los médicos, los ingeñeros, los choferes, las secretarias y, en fin, todos esos mediocres, incapaces de ejercer su profesión u oficio con una elemental solvencia, dada su enorme, inconmensurable imbecilidad.
¿No cierto que sí es para tranquilizarse comprobar, cada sábado, que uno es igual de inepto que los otros y no ni más ni menos? O sea es como en esos partidos de fútbol en que uno entra a la cancha con la seguridad de que va a perder, y queda empates. ¡Uff!
Lo que me parece mejor todavía es que, a lo largo de las sabatinas de los sábados, he ido aprendiendo a reconocer que así como yo pertenezco al territorio de los imbéciles, hay unos escogidos que pertenecen al territorio de los sabios. Muy pocos, pero hay. O sea ahí habitan máximo dos: el excelentísimo señor Presidente de la República y, a veces, Eloy Alfaro. Ellos creo que son tan sabios porque se educaron en Bélgica, el uno. Pero se casaron con Ana, los dos. Lo cierto es que ambos brillan con luz propia. Jamás de los jamases son mediocres ni tienen un zapato en el cerebro ni usan el pelo largo, ni son enanos (bueno, Alfaro por suerte es ahora más o menos del mismo tamaño del Correa, porque ha ido creciendo en la historia).
Pero, salvo ellos, los demás somos todos iguales: unas piltrafas, poca cosa, ignorantes, pobres hombres, carentes de calidad moral, majaderos, mentirosos. ¡Todos igualitos! ¡Qué alivio!

miércoles, 29 de julio de 2009

¡Que callen ellos!

Francisco Febres Cordero
Ahora resulta que para los ministros, secretarios o asesores del excelentísimo señor presidente de la República, quienes insultan y emplean un lenguaje agresivo y procaz son los periodistas.
Desde el inicio de su gobierno, el excelentísimo señor presidente de la República se dedicó a despotricar contra la prensa y los periodistas, a quienes ha endilgado, de manera sistemática, necia, los más burdos epítetos.
Sin embargo, para sus áulicos eso es justificable porque está llevando adelante una revolución y, por lo tanto, tiene la obligación de poner en su sitio a quienes le señalan errores y exigen rectificaciones. Por algo el excelentísimo señor presidente ha demostrado siempre tener la razón en todo, ser el único poseedor de la verdad y, como si eso fuera poco, ha ganado todas las elecciones posibles, lo cual le da potestad para erigirse en amo y señor de este país de siervos.
Los ministros y funcionarios del régimen bajan sumisamente la cabeza cuando el señor presidente les recrimina en público o en privado. Y eso está bien: están en su derecho. Seguramente su fe en eso que ellos llaman “el proyecto” no ha decaído y todavía se hallan dispuestos a jugarse enteros por él, aun a costa de su propia dignidad, de su (des)vergüenza y amor propio. Que, sonrojados, se muerdan la lengua refleja la absoluta sumisión ante quien consideran su patrón, su guía, su inspirador.
Sin embargo, quienes hemos visto cómo nuestros sueños de cambio han sido despedazados y hemos comprobado cómo la tal revolución ciudadana va tornándose en un experimento tan torpe y ciego como autoritario, no tenemos por qué silenciarnos ante las andanadas verbales que el excelentísimo señor presidente lanza contra todos aquellos que se atreven a pensar de manera diferente. ¡Que callen sus siervos, transmutados en esclavos del siglo XXI! Qué callen ellos y que bajen la cabeza, aunque luego –imitando los gestos de su amo– la levanten para acusar de ser los promotores de violencias verbales y exabruptos a quienes llaman enemigos de la revolución ciudadana.
Ahí están ellos, tan modositos, tan acoquinados a la hora de aceptar las reprimendas presidenciales y tan prepotentes, tan ensoberbecidos, tan arrogantes, tan henchidos de poder al momento de reclamar a los otros por lo que consideran faltas a la majestad del presidente o a esta revolución de camarillas, trampas y ocultamientos.
Y uno se pregunta: ¿qué buscan, qué pretenden con sus amenazas, con sus voces destempladas aquellos funcionarios que viven bajo el terror de su jefe y, ante los demás, se dan a ensayar bravuconadas, gestos desafiantes, palabras altisonantes? ¿Qué pretenden si no, tal vez, ganar una palmada de felicitación de su señor, la invitación a un viaje en el avión privado o a un desayuno con yuca, bolón de verde, cebiche y puerco hornado al más puro estilo belga?
Si ellos callan ante el menosprecio y la arrogancia de su jerarca es porque han escogido el servilismo como opción. Pero que no crean que porque han optado por la sumisión, este es un país de eunucos donde todo aquel que es agraviado debe soportar las afrentas tembloroso, con la cabeza baja y en silencio.

martes, 21 de julio de 2009

El milagroso

Francisco Febres Cordero
Milagrosamente me di cuenta de que uno de los muchos dones que adornan al Correa es su capacidad de hacer milagros. ¡Qué milagroso que nos resultó! Mucho más que san Antoñito y san Viritute juntos.
Imagínense que tiene la potestad de convertir a los malos en buenos, a los horribles en virtuosos, a los partidócratas en revolucionarios.
Claro que para hacer el milagro necesita primerito que los malos le rindan pleitesía, y entonces ipso facto les incorpora a su grey y les acoge en su seno. ¡Ay no, qué bruto!, en su avión particular quise decir. O bueno ya, en su círculo rosa a unos y en su círculo oscuro a otros.
¿Cuándo se imaginaban ustedes, por ejemplo, que los del PRE iban a ser parte de la revolución ciudadana? Bueno, cierto es que antes hubo algunos signos, con la Elsita en el Tribunal Electoral, el Marún en el ministerio de las carreteras sin licitación, el Issa Obando de embajador del siglo XXI en España, y el Gustavo Larrea de subsecretario de angostura después de haber sido subsecretario de anchura con Abdalá. Pero lo que ahora vemos es aún más milagroso: ¡Dalito y su esposa Gabrielita ya son comensales de Palacio! Desayunaron ahí tan educadamente, comieron todo sin regarse y se portaron tan bien, que el Correa dijo que son “unos jóvenes valiosos y buenos chicos”. ¡Qué ternura! ¡Ya lloro! Y, claro, la cita tuvo el beneplácito del papá de Dalito que, desde Panamá, dijo que sí podía haber alianza con el Gobierno porque “el país me conoce y sabe que yo hago las cosas por principios”. ¡Elé el milagro!: con un solo toque del Correa, hasta el Abdalá, tan desinteresado siempre, se volvió principioso. ¡Viva el milagroso, viva, viva!
Es tan milagroso el Correa que puede transformar a los corazones más infartados en ardientes, mediante un simple bypass revolucionario. ¿No hizo eso con el Alexis Mera, que fue abogadísimo del Lión en el Municipio? ¿Y con el Negro Vallejo, que fue ministro de Hurtado y después diputado del Alvarito? ¿Y con el Raúl Vallejo, que fue ministro de Borja y de Palacio? ¿Y con la María de los Ángeles Duarte, que trabajó con el Nebot? ¿Y con la Nathalie Cely, que primero fue del Mahuad y después del Palacio? ¿Y con el Galo Mora, que fue mano derecha del Mahuad y ahora es mano izquierda en los discursos presidenciales y aledaños? ¿Y con la Ivonne Baki, que fue la soberana de todos los gobiernos anteriores, llegó a Miss Universo con Lucio y ahora resultó coronada reina de la educación, la ciencia y la cultura por la revolución ciudadana? ¡Uf!
O sea que sí tenemos esperanza de que, poco a poco, todos los malos y partidócratas de antes se vayan haciendo buenos conforme vayan plegando a la revolución ciudadana. Los que no, se jodieron, porque seguirán siendo perversos y, como tales, tachados de corruptos, defensores de las mafias, mentirosos, tramposos, hipócritas y condenados a vivir alejados del PRE, del Prian, de la ID, del PSC, de los hijos DP y de todos esos partidos de donde fueron sacados todos los más malos de los malos que, gracias al Correa, milagrosamente se han volvido bien buenos. Amén.