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martes, 29 de septiembre de 2009

El periodismo y la ley

Francisco Febres Cordero
A mí sí me parece muy bien que se apruebe esa ley que el Panchana, sonreidísimo y totalmente eufórico, dice que ha hecho él y los malos dicen que lo único que ha hecho él es decir que la he hecho él. ¡Qué malos que son los malos con el pobre Panchana! Lo cierto es que está de que el Cordero la ponga rápido a consideración de los asambleístas para que ellos, también rápido, le alcen la mano. No, pues, al Panchana, sino a la ley, para aprobarla en su integridad, como se merece.
Y es que ¡cuánta sustancia que tiene la ley! ¡Qué articulada con muchos artículos que está!
¿Ustedes han leído el proyecto del Panchana? Yo tampoco, no se preocupen. Ni el Panchana creo que ha de haber leído.
Bueno, de lo que sé, la tal ley sirve para regular el ejercicio del periodismo. Con eso estoy totalmente de acuerdo porque en la revolución ciudadana todo lo que es regular debe ser mejorado para que deje de ser regular y pase a ser excelente.
Por eso la ley dice que de aquí en adelante pueden ser periodistas solo los que han estudiado periodismo. ¡Qué maravilla! Porque ahora hay unos que siacen los periodistas sin haber estudiado. O sea a esos hay que eliminarlos por mediocres, ineptos y torpes. ¡Híjoles, ahorita que me doy cuenta ya me fregué! Yo también voy a tener que comenzar a estudiar. ¡Horrible me está pareciendo la ley en este acápite! Ojalá el Panchana se dé cuenta de eso y, como tampoco él ha estudiado, salga por sus fueros y nos reivindique a todos los vagos, mediocres, calumniadores, infames y pitufos.
En cambio, una cosa que me parece muy bien de la ley es que los periodistas podemos desacatar una orden que viene del superior jerárquico, aduciendo objeción de conciencia. Bueno, pero para eso primerito el gobierno de la revolución ciudadana tiene que pasar otra ley en que el Correa nos otorgue conciencia porque, hasta el momento, él dice que somos totalmente inconscientes. Y otras muchas cosas también dice pero, como esas están totalmente fuera de la ley, mejor no las comento.
Lo que más me gusta es que, por fin, la ley sancionará a los que injurien, calumnien y atenten contra la honra de las personas. ¡Se jodió el Correa! Los sábados va a tener que quedarse callado por lo menos durante una de las tres horas que habla, para no ser sujeto de sanción. Ese artículo me suena a que fue redactado con dedicatoria por el círculo rosa para controlar al jefe que en calumnias, insultos e injurias supera a cualquier periodista, sea este persona, animal o cosa, con o sin título. De solo oír lo que dice el Correa, el círculo rosa se ha de poner rojo. Horrible.
Por último, la ley establece la integración de un Consejo que, como su nombre lo indica, es el que va a aconsejar qué se debe publicar y qué no, qué se debe decir y qué no, qué se debe televisar y qué no. Por eso, es mejor irse entrenando desde ahora y aprender a hablar bien del Correa, de la Asamblea, del Panchana, de la revolución ciudadana y de todos mismo para después poder seguir los consejos del Consejo a fin de que, aprobada la ley, no nos den el vire y nos callen para siempre jamás. Amén.

martes, 22 de septiembre de 2009

Te quieren tuerto

Emilio Palacio
El viernes por la mañana concurrí a una radioemisora de Guayaquil. Me habían invitado a debatir con Rolando Panchana sobre la nueva ley de Comunicación. Al llegar me informaron que el asambleísta no vendría. ¿El motivo?, vaya usted a saber. Me limité, pues, a quejarme por los micrófonos, creyendo que el incidente terminaría allí. Pero al embarcarme en mi carro oí la voz de Panchana pregonar desde otra radioemisora que él nunca rehuiría un debate y que lo aclaraba para que “nadie ande diciendo lo contrario por ahí”. Por lo visto, desde algún centro de monitoreo me habían escuchado y llamaron a Rolando para advertirle. De inmediato llamé al ex periodista y le propuse que nos viéramos en cualquiera de las dos radios para debatir, pero no me contestó; solo se despidió amablemente. Así que ni corto ni perezoso regresé a la primera radio para esperarlo. No tuve que aguardar mucho. Casi al instante, la silueta de Panchana se dibujó tras el vidrio de la puerta principal. Me levanté para abrirle, adelantándome a la recepcionista, pero al hacerlo no encontré a nadie. Probablemente le advirtieron de mi presencia, porque alcancé a ver que se dirigía a la parte posterior del edificio para ingresar por otra entrada. Me dirigí, pues, a la cabina y toqué a la puerta. Abrió un jovencito muy nervioso que me advirtió que no debía pasar. Pero como desde allí alcancé a ver al asambleísta ante los micrófonos, exclamé: “Rolando, aquí estoy, si estás dispuesto a debatir”. Ni siquiera me contestó. Siguió hablándole al entrevistador como si yo no existiese, mientras me cerraban la puerta en las narices.
Decepcionado, me retiré, abriéndome paso entre los guardaespaldas del socialista del siglo XXI, que no acertaban a comprender lo que había ocurrido.
Panchana no es periodista (recientemente adhirió a la teoría de que para ser periodista hay que tener título). Tampoco es abogado (no concluyó la carrera de Leyes). Aun así, se proclama autor de una ley que matará al periodismo. Sabemos, por supuesto, que eso no es verdad; el proyecto lleva la huella inconfundible del correísmo. Pero tampoco es cierto que la Ley Panchana sea una mordaza para la prensa, como se ha dicho. En realidad será una pesada venda sobre tus ojos.
Piensa en lo siguiente: el Ecuador ha recibido en los últimos tres años más dinero que en toda su historia republicana gracias al precio del petróleo y a las remesas de los emigrantes. Los millones que pasan por las arcas fiscales solo se comparan a los primeros tiempos de la Conquista española, cuando barcos extranjeros se llevaban toneladas y toneladas de oro a Europa. Hoy los nuevos conquistadores nos están robando “por el ojo tuerto”, como dijo Fabricio, y solo la prensa se atreve a denunciarlo, despertando la indignación popular. ¿O acaso crees que los maestros, los campesinos, los indios, los empleados públicos y los estudiantes salen a protestar solo porque alguien no atiende sus reclamos? De ningún modo. El pueblo podría aguantar muchísimo más si supiese que con su sacrificio está contribuyendo a construir un nuevo país. Pero lo cierto es que el pueblo anda “chiro”, como también dijo Fabricio, mientras algunos revolucionarios se van a vivir a Pelucolandia o trafican con la “merca” de Raúl Reyes, después de traicionarlo.
De eso se trata, de que no te enteres de nada, de que te dejen los dos ojos tuertos para que el robo y el asalto sean por partida doble.

“De la vida real”

Claro... ahora es de la “vida falseta”...
Lim

jueves, 17 de septiembre de 2009

Rolindo, ex periodista

Emilio Palacio
¿Es conveniente el proyecto de Ley de Comunicación de Rafael Correa que presentó Rolando Panchana? Decida usted. Si la ley hubiese entrado en vigencia años atrás, habría ocurrido lo siguiente:
- Rolando Panchana habría tenido que entregar los videos de su programa ‘De la vida real’ cuando se lo exigieron los dueños de la discoteca Romanos que se sintieron calumniados. (Artículo 3, numeral 13).
- Los medios no habrían podido dar continuidad a la noticia de los vínculos de Gustavo Larrea e Ignacio Chauvin si estos interponían el recurso de protección judicial previsto en el proyecto, pero en cambio Correa hubiese seguido insultando sin remordimiento en su programa de los sábados. (Artículos 4 al 6).
- Nadie hubiese podido entrevistar a Fabricio Correa, ya que no se podría “contrastar” su versión con la de su hermano menor. (Artículo 14, numeral 13).
- Todos los medios habrían tenido que apoyar la política internacional de Correa hacia Colombia. (Artículo 14, numeral 5).
- Para ejercer su derecho a la comunicación comunitaria, los maestros de la UNE habrían tenido que llevarse bien con los dirigentes del MPD. (Artículo 17).
- Ningún medio hubiese podido difundir corridas de toros. (Artículo 22, numeral 2).
- Teleamazonas no hubiese podido transmitir ‘Los Simpsons’. (Artículo 22, numeral 4).
- El Ecuador no habría visto nunca los Pativideos. (Artículo 22, numeral 6).
- Ningún periodista hubiese podido garantizarles a sus fuentes el derecho a la reserva. (Artículo 29).
- Muchos directores de medios pequeños, que no tienen recursos para mantener un equipo de abogados que los asesore, habrían ido a la cárcel por dejar pasar publicidad que no le guste al Gobierno. (Artículo 36).
- Las transmisoras de televisión por cable de ciudades pequeñas –sobre todo las que critican al régimen– no habrían podido sobrevivir por falta de publicidad. (Artículo 38).
- El Estado habría obligado a los medios de comunicación a que adopten la misma política de comunicación que El Telégrafo. (Artículo 44, literal c).
- Cualquier dictadura –incluyendo la actual– hubiese podido clausurar Teleamazonas, EL UNIVERSO o Expreso desde hace tiempo. (Artículo 59).
- Juan Montalvo, Eugenio Espejo, Gabriel García Márquez y Rolando Panchana no hubiesen ejercido nunca como periodistas. (Disposición transitoria sexta).
Como ven, la Revolución Ciudadana le quiere clavar una puñalada en la espalda a la libertad de expresión. Si se impone este proyecto, usted no se enterará de nada de lo que hagan el Gobierno, la Asamblea, el Contralor, los jueces o la Policía. Las páginas de los diarios y los noticiarios de televisión solo hablarán del nuevo peinado de César Rodríguez o de la nueva casa en Pelucolandia de Pierina Correa.
Hay ocasiones en que la suerte de un país depende de un solo acontecimiento político. Hoy, el futuro de nuestra precaria democracia depende del proyecto de ley de Rolindo, ex periodista.
(Se puede encontrar el texto del proyecto en el sitio web de este Diario:
www.eluniverso.com)

ROLINDO, no sabe fallar

jueves 17 de septiembre del 2009 Bonil

lunes, 14 de septiembre de 2009

Cuadratura del disco - 11 sep 09


Don Alex:
sírvase incluir algunos principios en la nueva Ley de Comunicación enviada al Corcho Cordero, a través del señor Panchana, para su aprobación en la Asamblea Nacional.
El primer principio del Sistema de Comunicación será el de "Alabarás a SM en todo momento y en todos los medios públicos y privados y al él solo servirás",
2º. "No juzgarás el nombre de SM en vano y cuando pase, no harás ninguna señal, ni murmurarás nada en tu corazón..
3º.Santificarás las fiestas en el estadio Olímpico y oirás las recitaciones de Chávez y los discursos interminables de Castro y aplaudirás todos los sábados a SM, y te reirás de sus chistes y burlas e imitaciones y cuando termine y diga. "Podéis ir en paz y hasta la revolución siempre" alzarás los brazos y cantarás: Alabaré…Alabaré.
4º.Debe eliminarse, el lobo feroz del cuento de la Caperucita Roja, María Angula, y borrarse de la televisión los movimientos de las nalgas de las tecnocumbieras y los foules en la trasmisión de los partidos de fútbol.
5º.Solo el compañero Velasco podrá vociferar en su radio contra cualquiera que piense diferente de lo correcto y los Alvarado serán lo encargados de difundir gratuitamente los contenidos revolucionarios, para la felicidad eterna de esta gente sumisa.