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jueves, 6 de octubre de 2011

Detalles irrelevantes

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Dijo este sábado que la prensa se concentra en “detalles irrelevantes”. Que en lugar de reportar lo importante, se enfocan en pequeñeces. Por ejemplo, en su reacción frente a una señora mientras recorría el hospital Eugenio Espejo de Quito. “¡No me empuje señora, está hablando con el presidente de la República; usted me vuelve a empujar y la mando detenida!”, le advirtió enojado ese día.

Dijo también el sábado “yo no soy Rafael Correa, soy el Presidente de los ecuatorianos”. ¿Estará perdiendo esa capacidad de desdoblarse que tan útil le resultó en su juicio contra El Universo?

Yo no creo que sea un detalle irrelevante que Rafael Correa amenace con detener a una señora que se le acerca a reclamar la falta de medicinas. Demuestra su personalidad que tanto mal le hace a este país y ese convencimiento de estar por encima del resto. Lo vimos también en Nueva York. Luego de su discurso en la Universidad de Columbia, le salió el Hulk ante la primera pregunta que lo incomodó. “Usted es un mentiroso” fue su cultísima y muy académica respuesta.

No creo que exageraba Correa cuando en ese mismo discurso dijo que “nosotros somos la verdad”. Ese complejo de infalibilidad con el que pasea su inmenso poder este Gobierno, les hace creer que están por encima del bien y del mal, y con derecho a todo.



Continùa en:  http://www.eluniverso.com/2011/10/06/1/1363/detalles-irrelevantes.html

jueves, 15 de septiembre de 2011

El verdadero pulpo

Manuel Ignacio Gómez Lecaro

En la página web de la Secretaría Nacional de Planificación (Senplades), la sección del proyecto de Ley de Control de Poder de Mercado, mejor conocido como Ley Antimonopolio, te recibe con el dibujo de un pulpo agarrando diferentes productos con sus tentáculos. Abajo dice “¡Basta! ¡No más monopolios abusivos!”.

Al ver ese pulpo pensé automáticamente en el Estado ecuatoriano.

La Asamblea está discutiendo ahora, de forma urgente, esta ley que en teoría pretende evitar, corregir y sancionar el abuso y prácticas desleales de ciertas empresas. Es una ley necesaria siempre que sea pensada en defender los intereses de nosotros, los consumidores, y que se aplique de igual forma a empresas públicas y privadas. Y siempre que busque promover la competencia, más que controlar o sancionar.

Si tuviéramos un gobierno que entiende y respeta lo que son las empresas y el mercado, estaría tranquilo ante esta ley. Pero viniendo de este Gobierno ultraestatista, amante de la burocracia y las empresas públicas, y lleno de prejuicios hacia el sector privado, no me queda otra que dudar.

René Ramírez, director de la Senplades, le dijo a Alfredo Pinoargote estar de acuerdo con una frase de Ayn Rand que dice “Es el mercado libre el que hace imposibles los monopolios”. Según Ramírez, “aquí en el Ecuador no ha habido esa libre competencia, ha sido una ley de la selva que ha llevado a que el Estado tenga una vinculación con los poderes económicos y eso ha llevado al peor de los mundos”.

Al escuchar esto de nada menos que el principal planificador del Gobierno tuve que revisar el calendario y asegurarme de que no era el día de los inocentes o algo así. Si así piensan tienen todo mi apoyo. Lastimosamente esas palabras contradicen las prácticas del Gobierno. Hoy, más que nunca, la gigante burocracia y enorme participación del Estado en la economía, se presta para favorecer a las empresas amigas y perjudicar el libre mercado. En lugar de competir para ganar clientes, el negocio está en acercarse al Gobierno para ganar un contrato.

Cuando pienso en monopolios abusivos no pienso en empresas privadas. Con todos sus defectos, a las empresas privadas las escojo yo. Si hay empresas líderes, más grandes y exitosas que otras, es justamente porque los consumidores preferimos sus productos o servicios.

Cuando pienso en monopolios abusivos sí pienso en el Estado. Pienso en un Seguro Social que me quita una porción de mi sueldo todos los meses sin que yo pueda escoger libremente dónde poner mi plata. Pienso en la telefonía pública que tuve que instalar ante la falta de alternativas. Pienso en el imperio de medios de comunicación del Gobierno. Pienso en los tentáculos estatales acaparándolo todo a su paso. Pero con este gobierno experto en buscar e inventarse abusos ajenos y no ver los propios, dudo mucho que controlen los monopolios estatales.

Tomo las palabras de Ramírez en Ecuavisa. Vamos por esa libre competencia sin un Estado metiche ni compinche de algunos. Con reglas claras. Con controles a los abusos. Con seguridad jurídica. Que seamos los consumidores, no unos cuantos políticos y burócratas de turno, los que tengamos el poder de escoger.
Fuente:  http://www.eluniverso.com/2011/09/15/1/1363/verdadero-pulpo.html?p=1363&m=788

jueves, 20 de enero de 2011

El eterno candidato

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Para darse un baño de popularidad publicitaria y aumentar aún más su poder, Correa convoca a una consulta popular con preguntas de más. Redactadas para manipular al votante, cada una de las preguntas empieza con la frasecita “Con la finalidad”, seguida por el supuesto gran cambio que ocurrirá si votamos que sí.

Para un Gobierno que compra popularidad con campañas publicitarias, convocar a elecciones periódicas es una necesidad. Hace menos de dos años, días después de la reelección de Correa en abril del 2009, escribí aquí: “Tal vez lo más emocionante de estas elecciones es que al fin descansaremos de votar obligados a cada rato. Al menos por cuatro años. Y esto si Rafael Correa no decide inventarse alguna nueva elección en el camino que ratifique su popularidad”. Se la inventó. Ya se veía venir.

Para Correa, cuatro años es poco tiempo para gobernar, pero demasiado para estar alejado de la tarima electoral. El 30 de septiembre le aguó la convocatoria a muerte cruzada. Que venga entonces la consulta que le permita seguir de candidato.

Con la excusa de combatir la inseguridad, Correa convoca a una consulta donde solo las primeras dos preguntas tienen que ver con el tema. Bien pudieron tratarse en la Asamblea correísta, evitando despilfarro y quien sabe cuántas horas de publicidad oficial.

La pregunta 3 busca restringir la libertad de un individuo a emprender los negocios que quiera. La aprobación de la 4 y 5 entregará las cortes y la justicia a Correa. Suena a chiste eso de que habría tres delegados, uno por el Presidente de la República, uno por la Asamblea Nacional y uno por la Función de Transparencia y Control Social para sustituir al pleno del Consejo de la Judicatura. ¿Acaso hay diferencia entre ellos?

La pregunta 6 huele a persecución. ¿Qué es enriquecimiento privado no justificado? ¿Vender discos piratas en el semáforo, alquilar carpas con sobreprecio a la Asamblea Constituyente? ¿El comecheques no entra en esta categoría por ser enriquecimiento público? Bastaría con aplicar la ley para encarcelar a los corruptos.

La 7, con su tufo moralista, atenta contra nuestra libertad a gastar o malgastar nuestra plata como queramos. La 8, lo mismo que la 7. Casinos, toros, gallos, son temas sobre los que cada individuo, no el Estado, debe decidir.

La 9 de entrada asume “excesos en los medios de comunicación”. ¿No nos corresponde a nosotros decidir si hay o no excesos? Seguramente se refieren a los medios del Gobierno, o a las cadenas con las que siguen interrumpiendo programas en medios privados. Con esta pregunta, Correa busca su ansiado control de los medios. Y la 10, dará otra herramienta al Gobierno para perseguir a empresarios.

Correa pide que confiemos “en este Gobierno de manos limpias”. Pensé que ya no se atrevían a usar esa frase. Yo no confío. Y aunque confiara, igual votaría contra esta consulta que está de más, que busca aumentar el poder del Gobierno, y restar nuestra libertad individual.

Vuelve el candidato Correa –¿o acaso se fue alguna vez?– para desperdiciar millones de dólares en una manipuladora consulta, mientras nos aumenta impuestos para tapar los huecos de su despilfarro de cuatro años.
http://www.eluniverso.com/2011/01/20/1/1363/eterno-candidato.html?p=1354A&m=4

jueves, 9 de diciembre de 2010

¿Qué pasa, USA?

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Cuando estudiaba en la universidad en Estados Unidos, siempre llamó mi atención el total respeto a la libertad de expresión y a la crítica que ahí se practicaba. El diario universitario, a pesar de ser financiado por la misma universidad, se manejaba como un ente totalmente independiente, libre de cualquier injerencia o control de las autoridades universitarias.
En varias ocasiones, desde el diario los estudiantes criticaban duramente las decisiones y políticas del presidente de la universidad o sus administradores. Esas críticas jamás pusieron en riesgo al diario o a sus periodistas.
Ese es el Estados Unidos que respeto. Una sociedad acostumbrada a ser tolerante, abierta, democrática. Ahora, mientras veo que arrestan en Londres a Julian Assange, fundador de Wikileaks, me pregunto ¿qué pasa con Estados Unidos? ¿En qué momento la principal democracia del mundo se convirtió en algo más parecido a China, persiguiendo a los críticos del Gobierno? ¿Dónde quedó esa tradición liberal, abierta y pluralista?
Las autoridades que arrestaron a Assange aseguran que no ha existido presión política y que la detención está relacionada únicamente a sus cargos de acoso sexual y violación. Difícil de creer. Dudo que Assange estuviese detenido sin la presión de poderosos intereses gringos.
...
Con su postura frente al fundador de Wikileaks, en lugar de servir de ejemplo en tolerancia y libertad de expresión, el Gobierno de Estados Unidos apoya implícitamente los controles contra periodistas y medios de nuestros gobiernos autoritarios. Mal precedente contra nuestra libertad.
Mientras Assange era arrestado por orden de la fiscalía sueca, algo más positivo ocurría en la misma Suecia. Mario Vargas Llosa daba su discurso por el Premio Nobel de Literatura. En él, reiteró su apoyo hacia los sistemas democráticos y liberales. Dijo que en la mayoría de nuestros países “mal que mal, la democracia está funcionando… y, por primera vez en nuestra historia, tenemos una izquierda y una derecha que, como en Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, República Dominicana, México y casi todo Centroamérica, respetan la legalidad, la libertad de crítica, las elecciones y la renovación en el poder”.

viernes, 22 de octubre de 2010

A la ecuatoriana

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Durante un par de semanas, los ojos del mundo apuntaron a Latinoamérica. Las cámaras, los micrófonos, los comentaristas internacionales y el show mediático mundial estuvieron en Ecuador, Perú y Chile. Primero el levantamiento de la Policía en Ecuador con su sangriento desenlace. Luego el Nobel al peruano Mario Vargas Llosa. Y finalmente el exitoso rescate de los 33 mineros en Chile.
Las imágenes y mensajes que dejaron estas tres noticias en cabezas alrededor del mundo se podrían resumir así: Ecuador = inestabilidad y violencia. Perú = literatura y cultura. Chile = eficiencia y progreso.
Mientras rescataban a los mineros chilenos, empezó a multiplicarse en Twitter un juego. Consistía en imaginar y escribir lo que pasaría “si los mineros fueran ecuatorianos”.
“Si los mineros fueran ecuatorianos en vez de ayudarnos la NASA nos habría ayudado Pdvsa y la cápsula se llamaría Bolívar”, escribió alguien. “Ecuador TV sería la única cadena que transmite el rescate, de manera continua y obligatoria”. “Si los mineros fueran ecuatorianos los habría recibido Correa con la canción Patria Tierra Sagrada”, opinó otro. “Algún periodista de Gamatv diría ‘después de la larga noche neoliberal en la mina, ven la luz de la revolución ciudadana’”. “Si los mineros fueran ecuatorianos el presi diría ‘La mina ya es de todos’ y culparía a Lucio por el derrumbe”, comentó alguien. Y así, cientos más.
Más allá de las bromas del momento, la mayoría de frases nos hablaban de un país que desconfía de sí mismo. Un país acostumbrado a la desilusión, el engaño y el fracaso de sus supuestos líderes. Si en Chile el presidente Piñera equiparó la frase “hacerlo a la chilena” con hacerlo bien, con unidad y esperanza; “hacerlo a la ecuatoriana” significaría lo contrario.
Pero este sentido de orgullo y optimismo chileno no nace con el rescate de los mineros. Viene de mucho tiempo atrás. Es el resultado de un país que ha sabido vivir en democracia, en libertad, respetando su institucionalidad.
Ese sentido de orgullo no se logra repitiéndonos mil veces “Patria tierra sagrada”, eslóganes esperanzadores o frases patrioteras. De poco sirven esas canciones si no hay trabajo. Si nos roban o matan en la esquina. Si las instituciones son un chiste y el Gobierno hace con ellas lo que quiere. Si la confrontación y el insulto son la norma, y la unión y la colaboración una extraña excepción. Si la posición gubernamental se basa en atacar, desprestigiar, buscar culpables ante sus fracasos y seguir prometiendo un cambio en lugar de demostrar resultados.
Un escritor sonríe orgulloso mientras su país aplaude su éxito. Un minero abraza a su esposa mientras su país celebra. Un Presidente se abre la camisa y grita que lo maten, militares y policías disparan afuera de un hospital, un policía muere en la calle. Son las imágenes que dejaron nuestros países al mundo estas últimas semanas.
No podemos basar la situación de un país en un solo hecho, en un solo triunfo o fracaso. Pero en esta ocasión, estos sucesos parecerían revelar mucho de nuestra realidad. En el caso ecuatoriano, una triste y decepcionante realidad.
¿Lograremos algún día que “hacerlo a la ecuatoriana” cambie de sentido?

jueves, 6 de mayo de 2010

Próspera burocracia

El Gobierno del Litoral en teoría dejó de existir. Quitaron su nombre en letras doradas de la fachada del edificio en la avenida Francisco de Orellana. Pero las reemplazaron con otras flamantes letras que dicen “Gobierno Zonal de Guayaquil”. Suena a burla. ¿Cerró realmente el Gobierno del Litoral?
Al otro lado de la avenida, las oficinas del SRI están agitadas y llenas de gente. Carlos Marx, su director, tiene mucho que celebrar. La recaudación de impuestos en el país aumentó casi el 30% el primer trimestre de este año con relación al anterior. De 1.408 millones de dólares recaudados de enero a marzo del año pasado, subimos a 1.908 millones de dólares durante el mismo periodo este año. Sea por precaución o madurez ciudadana, los ecuatorianos estamos pagando cada día más impuestos a la renta. Y a eso hay que sumar el IVA, impuestos de vehículos y consumos especiales.
Abro el periódico y me encuentro con que una de las primeras acciones del flamante Consejo de Participación Ciudadana es pedir plata. Todavía no estamos seguros de para qué sirve ni qué hace este Consejo creado en Montecristi. De lo que sí podemos estar seguros es que servirá para gastar mucha plata. Nuestra plata.
Los integrantes de este Consejo por el que no hemos votado, pero supuestamente nos representa, piden 25 millones de dólares para funcionar. Léase: para pagar los sueldos a toda una plana de nuevos burócratas que piensan contratar. Tantos deben ser, que están presupuestando siete millones de dólares para un edificio. ¡Siete millones! La nueva burocracia necesita mucho espacio para jugar solitario y tomar café.
Cuando nuestros impuestos terminan despilfarrados entre edificios y nuevos sueldos burocráticos, el trabajo de Carlos Marx y su gente en el SRI pierde sentido.
Mientras nuestro sector privado suda por ganarse unos cuantos dólares, nuestra burocracia recibe millones. Un milloncito para esto. Un milloncito para lo otro. Los presupuestos públicos aguantan todo. No sufren por la plata desperdiciada.
Parecería que este Gobierno inventó su altiva forma de combatir el desempleo: multiplicar los puestos públicos. Basta darse una vuelta por la página web de la presidencia y ver el organigrama de este Gobierno. Siete ministerios coordinadores, más una veintena de ministerios, y once secretarías.
Esta obesidad gubernamental puede complicar el trabajo del SRI al validar y fortalecer la tradicional excusa para evadir impuestos: no voy a pagar impuestos para que se los ferie la burocracia; ni para pagar sueldos de reciclados funcionarios calientapuestos; ni para construir flamantes edificios para consejos y comisiones expertas en sacar fotocopias de documentos que nadie lee; ni para pagar pasajes, hoteles, cebiches y viáticos de todo el Gabinete que acompaña al Presidente por los rincones del país en su permanente campaña política de los sábados.
El éxito del SRI se debe al esfuerzo de ecuatorianos que producen, arriesgan, y generan más trabajo y dinero con su trabajo.
El Gobierno y las nuevas burocracias, como este mal llamado Consejo de Participación Ciudadana, se burlan de nosotros con sus edificios de siete millones, sus nuevos ministerios, y sus presupuestos millonarios.
Antes que más impuestos, que empiece el recorte y optimización del gasto público.
¿Podrán hacerlo nuestros prósperos revolucionarios?

jueves, 15 de abril de 2010

Silvio y Carlos Alberto

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Silvio Rodríguez y Carlos Alberto Montaner se han escrito algunas cartas. Cartas frontales y críticas. Sobre lo que piensan de Cuba, del socialismo, de la realidad que se vive en la isla, del futuro.
Silvio es cantante, músico, compositor. Un ícono de la revolución cubana. Carlos Alberto es periodista y analista político. Considerado uno de los enemigos del régimen castrista. Los une el deseo de una Cuba mejor. Los separa un abismo ideológico.
Silvio tiene el privilegio de pocos: vivir libre en Cuba. Va de gira por el mundo y regresa a su casa con los dólares y euros con los que el capitalismo mundial le compra discos y le paga entradas a sus conciertos. Sus canciones merecen ese éxito, a pesar de su vergonzoso apoyo a la dictadura.
Siendo un joven estudiante, Carlos Alberto fue condenado a veinte años de prisión por su oposición a la dictadura cubana. Por suerte escapó de la cárcel, se asiló en la embajada venezolana (¡no le hubiera servido de mucho en estas épocas!) y logró huir de Cuba. Montaner promueve ideas de libertad y valores democráticos que tanta falta le hacen a la isla.
Las cartas entre estos dos cubanos muestran sus enormes diferencias. Silvio sigue sumergido en ese discurso oficial antiimperialista que ignora las inmensas deficiencias, atropellos e injusticias del régimen cubano. Montaner busca sacar a Cuba de esta dictadura que ha oprimido ya a tres generaciones, para iniciar una era libre y democrática
El mismo Silvio hace poco dio un sutil giro en su discurso. Dijo que hay que superar la “erre” de revolución para iniciar en Cuba una “evolución”.
Silvio insiste en el fin del embargo. Montaner está de acuerdo. Pero le aclara que no es el bloqueo el culpable del desastre económico en Cuba, sino “la inherente improductividad de los sistemas colectivistas de corte marxista-leninista”.
Montaner concluye su última carta proponiendo a Silvio crear “un comité para luchar… contra el embargo norteamericano, a favor de conceder la amnistía a los presos políticos, a favor de otorgar el derecho a la libertad de asociación y expresión, a favor de que los cubanos puedan entrar y salir libremente de Cuba”.
Lastimosamente, Silvio cierra el diálogo con un breve comunicado final. Dice que no puede pasarse la vida escribiendo estas cartas. Más bien, creo que Silvio se quedó sin argumentos y temió perder sus privilegios.
El simple hecho de que estas dos figuras antagónicas dialoguen es novedoso y esperanzador para Cuba. La bloguera cubana Yoani Sánchez se pregunta si este diálogo “es la señal de arrancada para que en el interior del país un miembro del partido comunista pueda sentarse a dialogar con otro que pertenece a un grupo de la oposición. ¿Estaremos asistiendo al derrumbe de las paredes interiores que nos aislaron a unos de otros?”.
Este diálogo, entre dos importantes figuras que critican y defienden el régimen cubano, no cambiará las cosas. Pero muestra que algo está pasando. Junto a las letras de Yoani, las concentraciones de las damas de blanco, y la oposición silenciosa de miles de jóvenes cubanos listos para el cambio, parece más cercano el fin de esta inadmisible dictadura que solo unos pocos políticos desorientados apoyan todavía.
Lean las cartas.

jueves, 25 de marzo de 2010

PAIS sin Alianza

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Les tomó un tiempo. Todavía siguen tímidos. Pero se ve venir. La ruptura de Alianza PAIS.
El Corcho Cordero, María Paula Romo y compañía quieren la cabeza del fiscal Washington Pesántez.
Rafael Correa interfiere en lo que no debe y defiende a su amigo de épocas universitarias y tardes en Lovaina.
Tal ha sido la defensa presidencial, que llegó al absurdo de pedir a sus ya no tan amigos asambleístas que renuncien a su inmunidad parlamentaria.
Fernando Cordero convocó a una rueda de prensa.
Ahí están. Los 19 para la foto.
Le dicen “no” a Correa.
“Lamentan” sus declaraciones.
No renunciarán a su inmunidad.
No defenderán al Fiscal, ni porque Correa diga que lo conoce desde hace varios lustros y garantice su inocencia.
La Constitución correísta defiende la inmunidad parlamentaria para que los legisladores puedan fiscalizar sin tener que preocuparse de contratar un abogado a cada rato. Eso era bueno para el Presidente mientras los asambleístas le eran leales y estaban de su lado.
Ya no.
Más allá de las razones o pruebas que tengan los asambleístas contra el Fiscal.
Más allá de su culpabilidad, su inocencia, o de que esto sea una “cacería de brujas”, como denunció Correa; el hecho es que Alianza PAIS empieza a perder su primer nombre.
Se rompe la alianza.
Izquierdistas se desencantan del populismo.
Del presidencialismo excesivo.
Del culto al hombre por encima del proyecto.
Paco Velasco dijo sentirse “vapuleado, basureado… golpeado, desterrado, exiliado”. Pero luego moderó sus palabras, dijo que tiene muchas coincidencias con el proyecto político y que “de ninguna manera esto es un distanciamiento del Presidente”. Otros asambleístas también insisten que es más lo que los une que lo que los separa.
Lo cierto es que desde hace tiempo que no vemos a alguien uniéndose al Presidente y su proyecto. Solo vemos desertores. Partidarios de ayer, hoy hacen oposición. Quienes lo alababan, hoy lo critican. Y nada indica que la tendencia vaya a cambiar.No es solo el estilo de Correa.
Si su gestión diera buenos resultados, sus insultos y abusos quizás pasarían a segundo plano. Pero estando ya en el cuarto año de su Gobierno, no pasamos de primeras piedras. Todos esos grandes proyectos, anunciados con música, fiesta y promesas de un mañana mejor, hoy ya no existen. No han conseguido financiamiento. Fracasaron. Lo que sí ha conseguido Correa es meter al Ecuador en varias listas que gritan que a nadie se le ocurra invertir aquí. Y aunque el Gobierno se queje que todo esto es un complot universal en su contra, la plata no viene.
¿Son estos desencuentros entre asambleístas y Presidente la antesala a una próxima muerte cruzada?
¿Quiere eso Correa?
¿Disolver la Asamblea, poner a consideración su cargo, y llevar al país nuevamente a las urnas para que lo reelija ante la falta de un opositor y elija a sus nuevos candidatos a la Asamblea impulsados por la maquinaria estatal?
¿O como escuché decir por ahí, es todo esto puro show para demostrar una supuesta independencia entre Ejecutivo y Legislativo?
Como van las cosas, parece inevitable que nuevos nombres se unan a Acosta, Chuji y otros desertores. Y que surjan nuevos movimientos dentro de PAIS.
Ya podemos imaginar cómo reaccionará Correa.

jueves, 18 de marzo de 2010

Mejor reír

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
He regresado de una semana de vacaciones en la que me desconecté y desintoxiqué del ruido político nacional. De sus insultos, arrogancia y estupideces cotidianas. Después de disfrutar las facilidades, el orden y respeto del primer mundo, no provoca sumergirse en este diario boxeo político, ni en las nuevas leyes diseñadas para bloquear cualquier posibilidad de progreso, ni en las políticas e ideologías que nos estancan mientras nuestros países vecinos avanzan.
Así que, por ahora, he preferido mantenerme alejado.
Me he distraído, por ejemplo, leyendo sobre la lista de los billonarios publicada por la revista Forbes.
En ella, se aprende acerca del emprendimiento, ingenio y creatividad de muchos de sus integrantes.
De sus éxitos y fracasos.
De las sociedades libres donde pudieron desarrollarse.
Y claro, también se conoce sobre fortunas de dudosa reputación.
Pero más que esa lista tan lejana a nuestra realidad nacional, sobre todo con este Gobierno que pone trabas al emprendimiento privado para dar prioridad a un estado cada día más obeso, me interesó otra noticia bastante más llamativa:
“Ecuador sube en ranking de ricos socialistas”.
Según la nota, en “el ranking anual de la revista especializada Red Fortune, el Ecuador ascendió en el 2009 al segundo lugar a nivel latinoamericano en cuanto al número de millonarios socialistas, siendo superado ahora solo por Venezuela”. Entre las causas estarían
“la consolidación del gobierno de la Revolución Ciudadana,
el redireccionamiento de dineros estatales hacia personas que antes habían estado excluidas del tradicional reparto del pastel,
y la progresiva acumulación de pequeños contratos que, sumados, superan en muchos casos el millón de dólares”.
Si no se han dado cuenta, se trata de una noticia falsa.
No existe la revista Red Fortune.
No existe ese ranking de millonarios socialistas (aunque sí existan millonarios socialistas).
Esta es una “noticia” recogida de la página web satírica www.ecuadorinsensato.com.
Esta página es lo más refrescante que he visto en los últimos meses entre tantas malas noticias.
Es un buen escape a la realidad nacional.
Pero al mismo tiempo, es un reflejo irónico de nuestra realidad.
Siguiendo el estilo irreverente y las noticias ficticias de conocidas publicaciones como The Onion, en Ecuador Insensato, cuyo eslogan es “Cero Credibilidad”, nos podemos reír de nosotros mismos, nuestra política, nuestros gobernantes y nuestra sociedad.
No conozco a los creadores de esta página web, pero me caen bien.
Me han permitido escapar por unos días más del agobiante ambiente político que invade nuestras vidas.
Y ya que estoy en plan de promover páginas webs, visiten también mi blog www.gomezlecaro.blogspot.com para encontrar links a otras buenas páginas que nos dicen las cosas como son.La satírica nota sobre los socialistas millonarios concluye indicando que para el gobierno nacional
“Todo dólar que vaya al bolsillo de un socialista es un dólar que no irá al bolsillo de un pelucón,
por lo que el enriquecimiento es una obligación de la Revolución Ciudadana”.
Sin duda, una falsa noticia…
Los malos gobiernos ofrecen un buen terreno para que surja la sátira política.
Aunque algunos incluso pretendan controlar los contenidos en internet, la libertad –y el humor– crecen y se fortalecen en la web.
“La risa, remedio infalible”, decía la revista Selecciones.
En estos tiempos, tal vez, el único remedio.

jueves, 28 de enero de 2010

Libertad por banda ancha

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
El dictador venezolano continúa sus ataques a la libertad de expresión. Ahora ha cerrado más canales de televisión, esta vez de señal por cable. La excusa: no transmitieron sus cadenas nacionales. Chávez, como Correa, quiere controlarlo todo. Pretende que todos estén al servicio de su Gobierno, en lugar de lo contrario.
En Bolivia, Evo Morales se reestrena como presidente diciendo que los periodistas deberían luchar contra el capitalismo. Ese es el periodismo con el que sueña el populismo autoritario. Y a veces, vuelven realidad esos sueños a la fuerza.
Rafael Correa hace eco de la misma cantaleta de sus amigos de trajes pintorescos. El mismo rechazo frente a lo que la libertad y la democracia implican. Ha pasado año y medio desde que Correa dijo que al Gobierno no le interesa administrar los canales incautados. Que mientras más rápido los puedan subastar o rematar, mejor. Ironía. Mentira. El Gobierno se aferra a ellos. Los noticieros de Gama TV parecen a veces otra larga cadena presidencial. De CN3 se han ido varios conductores cuyo trabajo ha sido censurado.
Pero ante estos atropellos y censuras nos queda el internet. La libertad viaja más segura y a gran velocidad por banda ancha. Llega cada día a más casas, más colegios, más universidades, más mentes ávidas de saber la verdad. Y eso es muy difícil de controlar. Chávez le quitó a RCTV su señal abierta. Ahora le impide salir por cable. Pero no podrá sacarlo de internet. Intentará, como sus maestros cubanos, limitar el acceso y bloquear varios sitios web. Pero la gente se las ingeniará para burlar la censura. Como en la misma Cuba, donde florece toda una comunidad de blogueros que le gritan al mundo su realidad, a pesar del hostigamiento oficial y la censura de sus propios blogs.
Cada nueva computadora conectada a internet es un nuevo espacio de libertad. Un lugar alejado de la censura, donde nadie puede imponer una cadena nacional o un mensaje oficial. Un espacio de doble vía, para escuchar y ser escuchado. Con la expansión del internet, se contrae la influencia de gobiernos autoritarios.
Latinoamérica despierta de la labia socialista. Los resultados en las elecciones de Chile son un llamado de atención. La realidad golpea, tarde o temprano, más fuerte que las palabras. Venezuela se le va de las manos a Chávez. Los estudiantes en las calles le recuerdan que su demagogia y abusos se agotan. En Argentina los Kirchner preparan maletas. Sus prósperas cuentas bancarias les permitirán vivir tranquilamente en el exilio. Pero tarde o temprano les llegará la justicia.
Y como tiene que ocurrir, este mal experimento llamado socialismo del siglo XXI quedará como un mal recuerdo. Esperemos que lo antes posible. La historia se encargará de recoger los abusos de estos gobiernos.
Los siguientes presidentes deberán aprender de Chávez y sus amigos lo que no deben hacer si quieren libertad y prosperidad para su gente. Y si algún nuevo populista pretendiese imitar sus abusos, no tendrá tanto éxito. A los Chávez, Correa, Kirchner del futuro les será más difícil controlar la información. Las ideas, la verdad, las imágenes, las voces de la gente, viajarán con más fuerza por internet. Hasta eso, la esperanza de la región está en los estudiantes en las calles venezolanas.

jueves, 14 de enero de 2010

Corporación Correa

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Nuestras empresas públicas rara vez funcionan. Salvo excepciones, suelen ser centros de corrupción, ineficiencia, piponazgo, clientelismo, pérdidas millonarias.
Y sin embargo, nuestro Presidente se lanza a crear nuevas empresas públicas. Por decreto presidencial, ahora el Gobierno tendrá su Empresa Nacional de Fármacos de Ecuador (Enfarma), su Empresa Nacional Minera (Enami) y su Empresa Pública Cementera. A estas se suma su nueva Agencia de Noticias del Ecuador y Sudamérica (Andes); además de empresas que ya existían, como Petroecuador, CNT, Alegro. Podemos añadirle también los canales de televisión y empresas incautadas de las que no escuchamos planes de venta todavía. Y la Empresa Exportadora Estatal de Banano que se ha anunciado. Carlos Slim empieza a verse pequeño frente al creciente holding empresarial Correa.
El Presidente quiere ser minero, bananero, producir medicinas, noticias y cemento. Y cree que puede hacerlo mejor que las empresas privadas expertas en cada unas de estas áreas. O peca de excesivo optimismo e ingenuidad al creer que ahora sí las empresas públicas funcionarán. O tal vez solo quiere tener más lugares donde darle trabajo a compañeritos, simpatizantes y Patiño.
Cuando la plata es de todos, termina siendo de nadie. Nadie responde por estas empresas que en teoría son de todos los ecuatorianos. A diferencia del sector privado, donde personas de carne y hueso arriesgan su plata; en el sector público nadie sufre por unos millones menos o más. Los gerentes llegan, cobran sus sueldos, y se van. Los empleados buscan asegurarse buenos contratos colectivos, antes que ser más productivos. Y nada de eso cambiará, ni porque Correa se ponga bravo, o Alvarado les haga a estas empresas unas lindas campañas publicitarias.
Si bien el Gobierno ha hecho esfuerzos por mejorar las empresas públicas, no hay razón para crear nuevas. Suficiente con mantener las existentes, que en muchos casos deben ya venderse. Alegro, por ejemplo, lleva pérdidas acumuladas de más de 200 millones de dólares. Hace ya un año, Correa dijo que la vendería si no generaba ganancias. Pero Alegro sigue muy alegre, desperdiciando nuestra plata, con menos del 3% del mercado.
Es como si este Gobierno se pusiera en el papel de competidor del sector privado, en lugar de ser su aliado. Es como si viera en ciertas empresas privadas una amenaza o un contrincante a vencer, en lugar de apoyarlas y protegerlas para que crezcan, generen más utilidades, impuestos y progreso, y den más trabajo. Juegan a empresarios, creando empresas con la plata que no es de ellos. La diferencia es que ellos no arriesgan ni pueden quebrar. Si algo sale mal con estas empresas, como seguramente ocurrirá, que el país y los ecuatorianos se las arreglen.
La nueva empresa Enfarma en teoría hará medicinas. Pero el nombre ya suena a “enferma”. Tal vez sea el anuncio del fracaso inevitable que les espera a estas empresas públicas. No porque las haya creado Correa o un gobierno socialista con aires autoritarios, sino por experiencia. Políticos metiéndose a empresarios con plata de todos los ecuatorianos es una mala receta. La disfrutará por unos años una burocracia privilegiada concentrada en flamantes oficinas, mientras el resto de ecuatorianos, los accionistas de estas empresas, miramos de lejos la fiesta.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Pica

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Debatían en la radio dos comentaristas sobre la causa de la violencia en la Universidad Central. Uno decía que Rafael Correa era corresponsable de la violencia que vive el país, y en particular de la paliza que le quisieron dar algunos desadaptados al rector de esa universidad. Que la agresividad y odio transpirados a través de los bordados de las camisas presidenciales generan esta actitud violenta en la población.
El otro decía que el Presidente nada tiene que ver en esto. Que estos grupos universitarios ya han sido violentos en el pasado. Que en el país la gente roba, agrede y mata desde antes de Correa.
Sería muy exagerado pensar que la conducta de estos estudiantes armados con palos, del ladrón que nos roba el celular, o de cualquier persona que actúa con violencia es motivada por las palabras y actitud de Correa. En eso estoy de acuerdo con el último comentarista. Pero lo que decía el primero puede también tener algo de verdad.
En las empresas donde se respira un ambiente tenso y hostil, basta con mirar a sus gerentes para entender donde empieza todo. La agresividad se contagia desde el que dirige la organización.
Si el Presidente con tanta facilidad menosprecia,
insulta
y tacha de mafioso o corrupto a quien piensa distinto a él,
¿por qué esperar una conducta mejor en el resto de la población?
Esos insultos presidenciales seguramente no lleven a cometer actos violentos a la ciudadanía, pero sí contribuyen a un clima hostil.
A veces sorprende cómo este Gobierno transpira amargura y menosprecio en todo momento.
Por ejemplo, me llegó un boletín informando que Rafael Correa ha recibido el premio al Logro Excepcional Académico 2009 por parte de la Universidad de Illinois, en reconocimiento a “su activo liderazgo en la implementación del desarrollo económico y la reforma política en el Ecuador”.
La universidad donde Correa estudió le hace un reconocimiento.
Es una buena noticia para el Presidente, sus seguidores y hasta el país.
¿Pero que más dice este boletín salido de Carondelet?
Al muy estilo Correa, no se limita a comunicar y agradecer este reconocimiento,
sino que aprovecha para quejarse y atacar.
Dice el comunicado que “Mientras… el rector de la Universidad Católica de Guayaquil… pidió perdón al pueblo ecuatoriano ‘por la calidad de persona que hemos formado’, …la Universidad de Illinois declaró el premio anual de mejor ex alumno al Mandatario Correa…”.
Y que “la Universidad Illinois está en el puesto número 25, a nivel mundial, mientras que la Universidad Católica de Guayaquil no aparece entre las primeras 2.000”.
Qué bajo cae este Gobierno,
hasta cuando menos lo esperamos.
No saben ganar.
Peor perder.
Sacan la lengua y escupen cuando pueden.
Convierten una noticia positiva en toda una expresión de pica y resentimiento.
No nos sirven de ejemplo.
En la Universidad de Illinois seguramente están orgullosos de tener un ex alumno convertido en Presidente.
Pero parece que les faltó averiguar bien en qué clase de Presidente se convirtió.
Tal vez ahí hubieran reconsiderado el premio.
El Presidente puede no ser el culpable directo de la violencia en este país.
Pero con su conducta hace todo menos generar un ambiente de cooperación y paz.
Ni porque estamos en Navidad.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Full technofolclore

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Otra de las ridiculeces del proyecto de Ley de Comunicación es que un alto porcentaje de lo que transmiten televisiones y radios debe ser “made in Ecuador”. Nuevamente, como tantas veces, el Gobierno buscando limitar nuestra libertad.
Según el proyecto, los canales de TV deben incluir progresivamente al menos el 40% de producción nacional en su programación diaria, y las radios un mínimo del 50% de música producida, compuesta y/o ejecutada en Ecuador.
Traducción: tendremos nuevos burócratas con la altiva y nacionalista misión de vigilar que no falte una buena dosis de technofolclore-andino en las radios y ‘Mi Recinto’ en la tele. De lo contrario, papá Estado castigará a los medios desobedientes.
A mí me gustan ciertas canciones y programas locales. Pero es mi decisión escucharlas o verlos. No le corresponde al Estado y sus burócratas meterse en nuestras decisiones individuales.
La culpa es nuestra. Del paternalismo incurable de nuestra población. ¿Qué es lo primero que dice nuestro típico artista nacional cuando lo entrevistan? Se queja del poco apoyo que recibe del Estado. ¿Desde cuándo el Estado debe ser su mánager?
Cada uno trata de palanquearse privilegios. Apoyamos el libre mercado y el libre intercambio de bienes e ideas hasta que tocan nuestro sector. Ahí sí gritamos “¡que el Estado me proteja!” El zapatero local quiere libertad para comprar. Eso sí, ¡que le claven un buen arancel a los zapatos chinos! La aerolínea local quiere libertad en los negocios. Eso sí, ¡que impidan que entren aerolíneas extranjeras a competir! Y ahora muchos artistas, que seguro prefieren comprar sus guitarras, discos y ropa libremente, sin restricciones ni aranceles, piden que se “proteja” al artista nacional con la imposición de estas ridículas cuotas.
Según este Diario, la Sociedad de Autores y Compositores Ecuatorianos impulsó este proyecto. Su presidente dijo que esto responde a lo “golpeado que está el sector” entre otras cosas por “la falta de nacionalismo”.
¿Falta de nacionalismo? ¿Acaso demostramos más nacionalismo porque bailamos al ritmo de Fausto Miño o nos emborrachamos escuchando pasillos? ¿Tienen algo que ver nuestros gustos musicales con el amor por el país? Y si vamos más allá: ¿acaso le corresponde al Estado controlar cuánto queremos a nuestro país? ¡Somos libres! ¿No entienden eso? Esa palabrita, nacionalismo, siempre aparece para justificar ataques a la libertad.
¿Quiere el Gobierno apoyar a los artistas ecuatorianos? Adelante. Ofrezca incentivos, no cuotas o castigos. Pero que no limiten nuestra libertad. Que no desperdicien nuestra plata en burócratas censores decidiendo por nosotros lo que es bueno.
Los gremios de artistas deberían demostrar que son abiertos y cosmopolitas, como todo buen artista, oponiéndose a este proyecto de ley. ¿Acaso ellos no crecieron artísticamente escuchando y viendo libremente a artistas y programas extranjeros? ¿Qué derecho tienen para imponernos sus creaciones locales por encima de lo venido de otros lugares?
Estas cuotas dizque nacionalistas no apoyan el arte ecuatoriano. Vuelven cómodo al artista al saber que los medios están obligados a contratarlo. Y le restan valor a las creaciones locales al convertirlas en una imposición.
Aquí, como en todo lo demás, es el talento y esfuerzo personal lo que hará triunfar a nuestros músicos, actores, directores, artistas.
Aquí, como siempre, la libertad es la mejor opción.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Ruptura de los 30

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
El movimiento Ruptura de los 25 representó, hace ya cinco años, a una juventud con ganas de cambiar las cosas en este país.
De forma original e irreverente, este grupo de jóvenes llamó nuestra atención reclamando contra los abusos y fracasos de la política ecuatoriana cuando se cumplían 25 años del retorno a la democracia.
Proponían un cambio,
una renovación,
una liberación de las viejas prácticas políticas.
La revista Vanguardia de esta semana entrevistó a seis de sus integrantes, quienes en poco tiempo, pasaron de organizar manifestaciones en plazas a ocupar cargos políticos en este Gobierno, como miembros de Alianza PAIS.
Estos jóvenes, más allá de ideologías políticas, se ganaron, en su momento, nuestro respeto.
Por eso, surgen varias preguntas:
¿Pueden, todavía, representar el cambio siendo parte de un gobierno tan parecido –o hasta peor– a los pasados? ¿Cómo hablar de ruptura con los partidos políticos que nos hundieron, teniendo en las filas de Alianza PAIS a varios de sus miembros?
¿Se puede hablar de defensa de la democracia y lucha contra la politiquería, formando parte de un partido admirador y seguidor de Hugo Chávez?
Estas interrogantes de alguna forma dan vueltas en la entrevista de Vanguardia, y seguro en las cabezas de los integrantes de Ruptura de los 25.
Ellos dicen tener más afinidades que diferencias con el proyecto político de este Gobierno.
Aceptan que han podido ser más críticos ante determinadas acciones del Gobierno.
Dicen no ser correístas.
A pesar de ello, siguen formando parte de este Gobierno.
¿Estarán ya muy cómodos en sus actuales posiciones?
Dudo mucho que los de Ruptura aprueben la cercanía de su Gobierno con Chávez o Ahmadineyad,
los negocios del ñaño presidencial,
los miembros de la partidocracia en posiciones cercanas al poder,
los decretos de emergencia para hacer contratos a dedo,
la total ausencia de fiscalización,
la vergonzosa maquinaria propagandística,
la corrupción en ministerios y empresas estatales,
los ataques a la libertad de prensa,
la politiquería,
insultos,
mentiras,
populismo,
clientelismo,
y caudillismo que caracterizan al Gobierno de su líder Correa.
“Creo que tenemos unas actitudes más de construir que de cuestionar. Probablemente debemos preguntarnos si eso es lo correcto, si ese es el papel que debemos jugar”, dice María Paula Romo.
Importante reflexión, porque es difícil construir dentro de un régimen tan destructivo.
¿Y por qué debe importarnos lo que hagan estos jóvenes entre tantos y tan diversos políticos que hoy forman parte de Alianza PAIS?
Ellos importan porque mientras permanezcan junto a este Gobierno autoritario, otra esperanza de un cambio en la política ecuatoriana habrá desaparecido.
Una postura firme de este grupo de jóvenes frente a los abusos y excesos del Gobierno pesaría mucho.
Enviaría un poderoso mensaje al Presidente.
Marcaría una división, hoy difusa, entre la izquierda seria y la izquierda chavista.
Y una –poco probable– separación de Ruptura de los 25 de las filas de Alianza PAIS ayudaría a empujar el principio del fin de este mal experimento.
Ya son 30 años desde el retorno a la democracia.
Correa ha monopolizado y desperdiciado los últimos tres.
Ahora necesitamos una Ruptura de los 30 –liberal y democrática de verdad– contra este socialismo autoritario.
No podemos llegar igual a los 40.

jueves, 15 de octubre de 2009

Ninguno de los tres

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Escuchar a Fabricio Correa es entretenimiento garantizado. Es un maestro en el arte de llamar la atención, generar titulares y hacernos reír. A nuestra podrida política, Fabricio Correa la ha rebajado aún más, pero lo ha hecho con buen humor.
“Hasta la Victoria Secret”, “pelucón light”, y “círculo rosa” se volvieron clásicos instantáneos y parte de nuestro léxico político cotidiano. Esta semana, Fabricio llegó a la Asamblea y al programa de Jorge Ortiz con una billetera gigante para así contestar al Fiscal, quien había dicho que sus denuncias se las podría guardar en su billetera.
La fama del ñaño presidencial ahora es internacional. Jorge Ramos lo entrevistó para su programa de Univisión. Latinoamérica entera conoce del show de los hermanos Correa.
Hasta ahí la parte divertida. Lo preocupante es que la ausencia de voces coherentes de oposición, le den fuerza y hasta cierta legitimidad a Fabricio. Pero sus fans no pueden olvidar los millonarios contratos de las empresas de Fabricio con el Gobierno de su hermano. Más allá de que nos entretenga, que sus acusaciones sean reveladoras y suenen verdaderas, y que a diferencia de su hermano, él sí tenga ideas pragmáticas para sacar a este país adelante, no podemos acogerlo como un opositor válido.
Nebot es la mayor voz de oposición. Pero su voz suena repetida y gastada. A pesar de sus éxitos como alcalde, su liderazgo nacional se siente estancado. Según Cedatos, el 27% de los ecuatorianos lo considera la cabeza de la oposición, frente al 22% que piensa que no existe una cabeza visible, y el 18% que pone a Lucio Gutiérrez en este espacio.
Tristísima realidad. Estamos ante un Gobierno de planes e ideología fracasados, y una incapacidad para generar estabilidad, inversiones y empleo. Y, sin embargo, la oposición no asoma.
Es verdad que no podemos limitarnos a esperar a ese salvador de oposición. Que poner toda nuestra confianza en una persona, solo repite el error en que cayó la mayoría del país al entregarse a la imagen salvadora de Correa.
Es verdad que la democracia y el progreso se los construyen desde la sociedad, con instituciones sólidas, más que con líderes redentores. Pero también es verdad, que sin ese líder de oposición, este Gobierno, que lo acapara todo y es experto en lavado colectivo de cerebros, continuará en el poder, como lo vienen haciendo por más de diez años sus panas venezolanos.
Ese líder de oposición no puede ser Fabricio. No podemos apoyar a quien se aprovechó de su cercanía con este Gobierno. Además, nos basta y sobra con un Correa. Ese líder no puede ser Lucio Gutiérrez. Ya tuvo su oportunidad y defraudó. Y no puede ser Nebot. Su oposición y liderazgo se han quedado en lo local. Ninguno de esos tres podría vencer a este Presidente para librarnos de su mal experimento.
Tal vez no conocemos todavía a ese líder. Tal vez ya está tanteando el terreno político. Que no demore tanto. Debe estar preparado. Darse a conocer. Contagiar las ideas que sirven. Rodearse de gente que sepa hacer las cosas, y no solo decirlas.
Las próximas elecciones llegarán volando. Y la maquinaria gobiernista estará lista para un nuevo round. ¿Tendremos a alguien del otro lado?

jueves, 1 de octubre de 2009

¿Quién sonríe?

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Me llegó un boletín de la Vicepresidencia que anuncia la III fase de la campaña Sonríe Ecuador. No sé ustedes, pero a mí me pareció una broma de mal gusto. Con tanta sangre y violencia en cada esquina del país, gastar la plata de los ecuatorianos en otra campaña de sonrisas simplemente no cuadra.
El boletín dice que esta fase de la campaña busca, entre otras cosas, impulsar “una cultura de respeto, amabilidad, alegría y solidaridad en la sociedad…”. Qué tal si en lugar de inundar nuestras pantallas, transmiten los comerciales solo al Presidente cada noche antes de irse a dormir. Le vendría muy bien un curso intensivo en respeto.
No necesitamos una campaña que pretenda vendernos alegrías. Necesitamos un Gobierno que se quite esa venda ideológica y de poder, que acabe con tanta estupidez e inicie de una vez por todas el camino que nos permita vivir alegres.
Hoy miles de desempleados no sonríen. Difícil andar con una sonrisa cuando la barriga y la billetera están vacías. Cuando el Gobierno se empeña en cerrar más oportunidades, con leyes laborales e impuestos dizque solidarios que solo complican la contratación de nuevos empleados. Cuando el Gobierno insiste en culpar de todo a la noche neoliberal, y no ve que en dos años de sus noches populistas-socialistas estamos peor todavía. Cuando nuestros vecinos de Colombia y Perú reciben miles de millones de dólares en inversiones gracias a su estabilidad, seguridad y elemental cordura, mientras a nuestro país le caen migajas.
Hoy miles de víctimas de la violencia cotidiana no pueden sonreír. Terribles asesinatos se suman a los robos, secuestros e inseguridad a los que estamos acostumbrados. Tomar un taxi es jugarse el celular, la billetera y a veces la vida. Una luz roja en la noche es señal de acelerar para evitar un asalto. Guardianía, alarmas, rejas, garitas y pérdida de libertad son el alto precio que individuos, negocios y empresas deben pagar.
¿Y cómo responde el Gobierno ante el desempleo y su par la violencia? Con más impuestos y confrontación. Exprimiendo aún más al sector productivo y el bolsillo de los ciudadanos para tener más plata con qué pagar los gastos de su enorme burocracia –¿alguien puede nombrar todos los nuevos ministerios creados en este Gobierno?–, los bonos que compran popularidad, votos y aplausos, y las campañas, como la del Vicepresidente, que intenta vender sonrisas entre tantas lágrimas.
Se acabó la broma. Se gastaron los discursos. Es tiempo de que el Gobierno vea sus errores. No necesitamos que caiga otro Presidente. No queremos inestabilidad política. No necesitamos nuevos oportunistas tras el poder.
Queremos un Correa que recapacite, abra los ojos, se rodee de la gente correcta y dé los pasos sencillos pero contundentes que traigan bienestar. Por ejemplo, simplemente entender que para que haya menos robos y violencia se necesita más empleo, y para eso se necesitan más empresas e inversiones, y para eso se necesitan estabilidad, reglas claras, seguridad jurídica y un gobierno que apoye al emprendedor y al sector privado en lugar de perseguirlo, bloquearlo y satanizarlo. No tiene por qué ser tan complicado.
Una campaña no bastará para generar sonrisas. Hace falta mucho más. Seguimos esperando que el Gobierno se ponga del lado de los ecuatorianos.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Cayendo

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
A Hugo Chávez le tomó ocho años como presidente apagar la imagen y voces del canal RCTV. Si Rafael Correa cumple con su amenaza de este sábado, le habrá tomado poco más de dos años deshacerse de Teleamazonas. Correa parece menos radical que Chávez, pero está superando a su maestro en lo que a atropellos a las libertades se refiere.
Marcel Granier, director de RCTV, en una reciente entrevista en diario Hoy, dijo que “aquí Correa avanza mucho más rápido que Chávez. En dos años, Chávez no había hecho todo lo que ha hecho Correa, así que prepárense, que falta lo peor”. El mismo Correa dijo hace dos años que él hubiera cancelado inmediatamente RCTV, sin esperar como lo hizo Chávez a no renovar la frecuencia. Ya nos había advertido de los atropellos que tenía en mente. Estábamos y estamos prevenidos.
No es coincidencia que en Venezuela y Ecuador ocurran estas cosas. No es coincidencia que en los países gobernados por populismos con pretensiones dictatoriales se dé lo mismo. Cuando un gobierno simplemente no entiende lo que significa la libertad de expresión, solo podemos esperar lo peor.
Tener el control de otros canales de televisión –tanto que él decide qué programas se quedan o se van– no es suficiente para Correa. Quiere más. De principal confrontador con los medios de comunicación, se está convirtiendo en su principal propietario y director. Seguimos esperando que se vendan los canales del Grupo Isaías. Y parece que lo seguiremos haciendo mientras dure este gobierno.
Escucho discusiones sobre si Teleamazonas cometió o no una falta al transmitir el audio del Presidente. Pero ese no es el tema. El Presidente está atacando, como nunca se había visto en este país, la libertad de expresión. Ese es el único tema en discusión. Las “faltas” anteriores por las que se ha sancionado a Teleamazonas, para llevarla al borde de una suspensión, son una burla. Son un ataque directo y descarado.
Debe estar feliz Correa de encontrar una excusa que lo acerca al cierre del canal de televisión que le dice las cosas como son. Se le notaba la emoción este sábado, cuando decía exaltado, que “yo no les tengo miedo, no me tiembla la mano, y pediré… que Teleamazonas sea definitivamente clausurada”.
El público también se emocionó y empezó a corear “así, así, así se gobierna”. No se dan cuenta que ese señor que vocifera, hoy empieza atropellando los derechos de un grupo de periodistas, pero mañana les tocará a ellos. Nos tocará a todos.
Correa terminó su exaltado discurso diciendo que “por eso necesitamos los Comités de Defensa de la Revolución… para defender al Gobierno”. Yo me pregunto, en cambio, algo cada día más difícil de contestar: ¿quién nos defiende de este Gobierno?
Carlos Jijón, director nacional de noticias de Teleamazonas, dijo que esto “es una amenaza no solo contra Teleamazonas, es una amenaza contra la prensa en general… para que el resto de la prensa vea lo que le puede pasar si quiere practicar un periodismo independiente”.
La intimidación funciona. Pero no por mucho tiempo. Logrará callar algunas voces. Pero no todas.
Si cae Teleamazonas, caerá más bajo que nunca nuestra libertad. Y Correa empezará a caer también.

martes, 18 de agosto de 2009

Desconectado

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Este feriado lo pasé felizmente desconectado. No leí periódicos. No vi las noticias. Disfruté mi 10 de agosto recorriendo paisajes serranos, sin escuchar discursos de Rafael Correa.
Cuando iniciaba el descenso a la Costa por una carretera en gran parte empedrada y polvorienta –¿qué pasó con todas esas emergencias viales?– intenté romper mi aislamiento noticioso. Encendí la radio del carro y apareció la voz de Correa en su discurso de posesión. Pero todos, incluyendo mi hija de dos años, protestaron ante la intromisión de esa voz. Ante el clamor popular se calló Correa y la música nos acompañó el camino.
Me salvé entonces de escuchar perlas de Correa, como cuando dijo que la competencia es un principio bastante cuestionado y un verdadero absurdo entre países. Me lo perdí haciendo un llamado a los otros presidentes a no “volver a caer en la trampa de competir entre nosotros para atraer inversiones o vender más a los mercados del Primer Mundo, precarizando nuestra fuerza laboral… Tanto entre nuestros países como en el interior de los mismos, en lugar de tanta competencia, debemos dar más espacio a la acción colectiva”.
¿Ingenuidad, socialismo crónico, o deseos de quedar bien con Chávez y Castro? ¿Todo lo anterior?
Lo cierto es que esta visión en la que en lugar de la competencia que lleva al desarrollo de países, empresas e individuos, se pretende una utópica cooperación, dice mucho del poco progreso que podemos esperar con este Gobierno. Veremos sentaditos a otros competir y progresar, mientras nuestros revolucionarios nos meten el cuento de que están organizando esta “acción colectiva”.
Por andar disfrutando la música y el cambio del paisaje serrano al costeño, también me perdí los ataques del Presidente a la prensa. Aunque todos los sábados lo hace, esta vez era especial: estaban todos muy elegantes, y lo escuchaba su maestro Chávez y hasta el Príncipe de España.
No escuché a Correa decir que “debemos perder el miedo, y a nivel de países, plantearnos formas de controlar los excesos de la prensa –¿verdad ministra de Información de Venezuela?–; tenemos que tomar cartas en el asunto. Somos nosotros los que ganamos las elecciones, no los gerentes de esos negocios lucrativos que se llaman medios de comunicación”.
Más claro no pudo ser Correa al dirigirse espontáneamente a la funcionaria venezolana. Ese “tenemos que tomar cartas en el asunto” es un anuncio de su estrategia chavista: callar a los medios y limitar la libertad de expresión, como lo hizo su mentor, con la excusa de que su lucha es contra determinados poderes económicos.
Se sintió bien desconectarme estos días tan politizados. Quisiera hacerlo más seguido, pero con este Gobierno no se puede. Se mete en nuestras vidas. Se encarga de que lo notemos día a día. Que no lo olvidemos ni un momento. Y si el buen Gobierno es aquel que menos se siente, ya nos damos una idea del que aquí tenemos.
“Esta es una revolución alegre, que la hacemos día a día cantando”, dijo Correa. Mi mayor alegría, al menos por ese fin de semana, fue no escucharlo, alejarme de tanta demagogia y palabrería, e imaginar que vivo en un país donde el Gobierno no está hasta en la sopa ni pretende controlar nuestras vidas.

jueves, 16 de julio de 2009

Nuevos amigos

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
De un solo toque, la patria ya es de ellos. El supuesto movimiento del cambio recibe, de brazos abiertos, al partido de la guatita y las mochilas escolares.
En nuestra política todo vale. Lo importante es alcanzar los votos necesarios. Alianza PAIS está en su derecho. No es el primero, ni será el último.
¿Qué pueden tener en común, por ejemplo, María Paula y Dalo? ¿Una misma visión política? ¿Compartido gusto por la música cristiana? Nada de eso. Tienen en común, por voluntad propia o imposición de arriba, los intereses de Rafael Correa y su círculo cercano.
Leo que están incómodos varios asambleístas de Alianza PAIS. ¿Cómo no estarlo? El hermano del Presidente se parece tanto a los parientes de esa partidocracia que ellos se pasan criticando. Y ahora su partido ha llegado a un acuerdo con el PRE, abanderado de las mañas de esa misma partidocracia. ¿Cómo no sentirse incómodo con estos nuevos amigos impuestos desde Carondelet?
Según El Comercio, Marcos Martínez, asambleísta de Alianza PAIS, dijo que “cualquier acuerdo con el PRE me despierta serias sospechas, parece que nos hemos olvidado de los hechos del pasado reciente, un acuerdo con el PRE es un acuerdo con la mafia política y económica…”.
Pero no deberíamos sorprendernos. Cada día es más claro que el único real cambio que ha traído este Gobierno es reemplazar las corbatas y guayaberas por las camisas decoradas. Pura imagen. De fondo nada. Se repiten las prácticas de siempre. Y hasta las superan.
Abdalá Bucaram pide que el Gobierno de Correa investigue su remoción del poder en el año 97. Al igual que Correa se ha opuesto con tanta pasión al golpe contra Zelaya en Honduras, ahora deberá apoyar al compañero de Panamá. “Si reclamamos por el golpe a Zelaya… tenemos que aprender a reclamar por el golpe a Bucaram”, señaló el loco que ama.
Todo esto lleva a pensar que pronto tendríamos con nosotros a Abdalá, en helicóptero, con brazos en alto, y su velero llamado libertad. Más allá de los escándalos políticos y los juicios por malversación de fondos en contra de Bucaram, sus “coincidencias” políticas con el actual Gobierno lo ayudarían a regresar.
Ricardo Patiño dice que no hay pacto alguno con el PRE. Que solo hay coincidencias con respecto al proyecto político del Gobierno. Dalo Bucaram ha dicho que tiene fe en el proceso de cambio que vive el país que es “la única salida para terminar con la partidocracia…”. Levante la mano el que les cree.
Quién sabe. Tal vez tantos años de amarres bajo la mesa y acuerdos chuecos nos han vuelto demasiado desconfiados. Tal vez este grupo de asambleístas, muy rimbombantemente denominados “Acuerdo Democrático por la Descentralización y la Equidad”, se han unido al Gobierno desinteresadamente, pensando solo en el bienestar de los ecuatorianos.
Pero si la cosa no es así, preferiría que nos digan de frente, por ejemplo: “Compañeritos, les informamos del pacto al que hemos llegado. A cambio del apoyo y los votos de los asambleístas del PRE, nos inventaremos una comisión para estudiar el caso del compañero Abdalá, cuya conclusión será que nuestro loco es inocente y debe regresar”.

jueves, 11 de junio de 2009

Obedientes

Manuel Ignacio Gómez Lecaro
Según su página web, el Conartel “es un organismo autónomo de derecho público”. Linda autonomía socialista del Siglo XXI. Han tenido su sentido del humor.
El Conartel es hoy un organismo vergonzosamente obediente del poder. Si sus miembros siguen tan aplicados y sumisos, se ganarán todas las sonrisitas del jefe y un vergonzoso e importante capítulo en nuestra historia nacional de atropellos.
Rafael Correa no puede hacerlo todo solo. Necesita gente que ejecute sus órdenes. Gente que cumpla sin hacer preguntas ni analizar las consecuencias de sus actos. Sus ejecutores olvidan que el poder que tienen ahora es pasajero. Que el gobierno de Rafael Correa es pasajero. Pero la reputación permanece por mucho tiempo. El tiempo y la memoria no borran fácilmente los atropellos.
Veo a Antonio García, el joven presidente del Conartel, hablar a los periodistas, como quien no dice nada. Les informa que se ha iniciado el tercer proceso contra Teleamazonas, por dizque violar la nueva ley favorita de Correa que dice que no se puede transmitir noticias basadas en supuestos que causen conmoción social. En otras palabras, García informa que el Conartel, siguiendo la voluntad del Ejecutivo, ha iniciado arbitrariamente el proceso para cerrar Teleamazonas, callar sus noticieros y periodistas, y consolidar así el atropello de Correa a la libertad de expresión.
Correa dijo que “los medios de comunicación no están por encima de la ley”. Pero por lo visto él sí lo está. Pretender callar un canal de televisión utilizando absurdamente como excusa un par de reportajes, eso sí es estar por encima de la ley. Convertir hechos reales en “supuestos”, y la reacción inofensiva del televidente en “conmoción social”, eso sí es estar por encima de la ley. Llegar a cerrar un canal de televisión con estas excusas no sería solo estar por encima de la ley. Eso es ser la ley.
Correa pidió a los periodistas que, “en vez de hacer tanto estruendo de que se está atentando contra la libertad de expresión”, reclamen “si está cumpliéndose o no la ley”. Aquí reclamo. No se está cumpliendo la ley. Se están tergiversando hechos (decir que son supuestos lo que fueron hechos) e inventando consecuencias (conmociones sociales que no han existido) para adaptarlos a una ley absurda y así alcanzar sus sanciones desproporcionadas.
El debate no es si los medios hacen un buen o mal trabajo. O si sus reportajes son totalmente neutrales o tienen intereses particulares. Menos aún si sus dueños son banqueros o verduleros. No desviemos la cosa. Lo que está en juego es nuestra libertad para expresarnos. Que no nos metan el cuento de que todo está apegado a la ley. El Presidente quiere demostrar que él también tiene el poder para cerrar canales y seguir ganando elecciones. No entiende de libertad. No le interesa la libertad.
Todavía Teleamazonas está al aire. Pero de darse su cierre temporal o definitivo se habrá concretado el más vergonzoso atropello de este Gobierno. No hay excusa que sirva a Rafael Correa y sus funcionarios del Conartel para justificar estas acciones. No olvidaremos a quienes fueron parte de este abuso. Algún día, cuando dejen de ser la ley, tendrán que responder.