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jueves, 3 de abril de 2008

Mandato plantea que sal sea regulada como minería

Nicolás Febres-Cordero, gerente de Ecuasal, que tiene el 60% del mercado, indica que el producto se obtiene de la evaporación del agua del mar a través de procesos industriales
“No somos minería, no extraemos la sal del subsuelo”, dice el empresario, quien explica que las tierras donde están instaladas las piscinas de sal son de su propiedad, es decir que no tiene concesiones.
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Febres-Cordero dijo que la redacción del mandato “muestra ignorancia o afanes políticos de revancha u odios políticos”.
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Ecuador: Los archivos enviados por Colombia no tienen validez

Según describió la canciller María Isabel Salvador, Colombia no solo que retardó la entrega de los datos requeridos por Ecuador sino que los envió incompletos. Por ejemplo, no proporcionó el respaldo digital de los archivos, tampoco información sobre el software y hardware “de las cuatro computadoras antibombas” de Reyes o de los servidores empleados para la transmisión de datos.
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En esas condiciones la información remitida por el Gobierno de Colombia “no tiene validez procesal ni en Ecuador ni en ningún país”, aseguró Salvador, quien explicó que pese a ello, la documentación será entregada al Ministerio Fiscal para que se inicien las indagaciones pertinentes.
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miércoles, 2 de abril de 2008

Ecuador, delirios y regionalidades

Repensando el Ecuador
Willington Paredes Ramírez
Desde esta ventana de acción comunicativa siempre hemos sostenido que hay un Ecuador real y otro inventado e imaginado, patológico y esquizofrénico, como dice Miguel Donoso Pareja. El real, sensorial, histórico y cotidiano es el de las innegables e ineludibles regiones y regionalidades. El de las expresiones e influencias telúricas de un medio ambiente y ecología socionatural diferente.
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Pero también hay el Ecuador de los delirantes, que lo inventan quienes no se detienen a pensar, asumir y aceptar lo que la geografía y el medio ambiente hacen en la historia, la sociedad y la cultura de esas regiones. Ese Ecuador es el que niega, esconde y maldice de las regiones, las regionalidades y su influencia sociocultural en los cuerpos de todos. Ese Ecuador único, indiferenciado, parece que sus dogmáticos creyentes creen que puede existir y desarrollarse en un espacio y geografía homogénea e indiferenciada
Es el de aquellos que cierran los ojos ante lo que la historia social y la misma vida socionatural muestran en los procesos de la cotidianeidad. Es la visión y concepción patológica y esquizofrénica de aquellos delirantes, que cuando no pueden negar las regiones y las regionalidades como expresiones, huellas, signos y sonidos del Ecuador real, lo perciben desde un andinocentrismo, costeñocentrismo, indiocentrismo, etc., que no se compadece con la evidencia de los diálogos, encuentros y continuas síntesis que históricamente tejemos entre las regiones.
Por esto queremos destacar dos hechos que marcan, evidencian y denuncian estos señalamientos.
1) De aquellos esquizofrénicos que sin poder negar las regiones y sus diferencias, tienen y exhiben la mirada oblicua y excluyente que considera que la otra región es lo negativo. Se expresó en boca de un concejal quiteño, que incapaz de comprender lo que su país tiene y recrea desde las regiones, dijo por TV que la delincuencia en Quito tiene su explicación y causa en los costeños (montubios) damnificados que serían los que suben a los Andes a estruchar a los quiteños. Esta visión torpe, tonta y digna de aquellos ridículos andinocentristas que aún no entienden qué es el Ecuador como geografía, historia, sociedad y rica diversidad tropical, subtropical y andina, donde siempre hemos existido diversos y unidos, costeños, serranos, etc.
2) El ejemplo de solidaridad de serranos hacia la ruralidad costeña
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martes, 1 de abril de 2008

La intolerancia en Rosario

Gabriela Calderón
La semana pasada asistí a una conferencia en Rosario, Argentina, para conmemorar el vigésimo aniversario de la Fundación Libertad. Ahí estábamos reunidos economistas, historiadores, filósofos, escritores, periodistas, académicos y políticos liberales de alrededor de 40 países. Entre ellos se destacan escritores como Mario Vargas Llosa, Plinio Apuleyo Mendoza y Carlos Alberto Montaner.
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A 250 metros del auditorio en que Vargas Llosa hablaba de libertad, se encontraba la Plaza de la Cooperación, popularmente conocida como “la del Che” debido al retrato revolucionario que predomina en esa plaza. Teníamos entonces a un escritor que ha dedicado toda su vida a escribir y recorrer el mundo para difundir sus ideas de libertad. Décadas atrás él creía en la lucha armada, pero sus experiencias y una constante reevaluación de sus creencias lo llevó a cambiar su manera de pensar. Y desde que lo hizo, Vargas Llosa suele ser recibido con piedras por la izquierda extrema latinoamericana.
El viernes por la tarde saliendo de un almuerzo en la Bolsa de Comercio de Rosario, me tocó de casualidad compartir el bus con Vargas Llosa. Los jóvenes que estábamos en ese bus no creíamos en nadie. Y a mí me tocó sentarme al lado de él. Luego de contarle qué habían significado para mí algunos de sus libros, lo que me sorprendió fue su humildad. No me habló de él o de sus obras sino que me preguntó quién era yo, qué había estudiado, qué hacía y luego de que le contesté todo, me preguntó que qué me había llevado a escribir.
Pero el bus se detuvo. Habíamos llegado a la plaza “del Che” y estábamos cercados por aproximadamente 150 manifestantes que inmediatamente procedieron a lanzar piedras a nuestro bus. Todos los que estábamos en el bus cerramos las cortinas. Nuestra escolta de seguridad llamaba por su celular y nadie le contestaba; luego perdió la señal. Las piedras rompieron una ventana y se escucharon los vidrios caer. Luego rompieron tres más. Después escuché a alguien decir “le han roto la ventana al conductor”.
Yo estaba en el piso con la cabeza debajo del asiento mientras Vargas Llosa permanecía sentado y tranquilo en el asiento de al lado. Yo le pregunté si siempre lo recibían así y me contestó que no siempre pero que frecuentemente. Luego los manifestantes intentaron abrir la puerta del bus y por fin el bus logró dar retro y salir de esa cuadra. Cuando le conté a mis amigos y familiares ecuatorianos lo que había pasado, la primera pregunta de todos fue: “¿Por qué lo odian?”.
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