jueves, 8 de abril de 2010

El Telégrafo en su laberinto

Por: Carlos Jijón
Leí en la prensa que 23 editorialistas del diario El Telégrafo (que se describe a sí mismo como el primer diario público del Ecuador) renunciaron a sus columnas a principios de esta semana alegando "falta de independencia administrativa, editorial e informativa", al mismo tiempo que anuncian la presentación de una propuesta para que "ni este ni ningún otro Gobierno interfiera" en el manejo, debe entenderse, de ninguno de los medios de comunicación que actualmente se encuentran en manos del Estado. El hecho ocurre poco después de la remoción del director del diario, Rubén Montoya, y coincide con dos hechos gravísimos: la sentencia a tres años de prisión en contra del editor de Opinión del diario El Universo, Emilio Palacio, y la tramposa inclusión en la Ley de Participación Ciudadana de un artículo que permitirá que el Gobierno pueda exigir una "rendición de cuentas" a los medios de comunicación.
Y no es que yo crea que El Telégrafo se haya desenvuelto en algún momento como un medio público, independiente del Gobierno. Nunca lo fue. Desde el nombramiento de su primer director, que recayó casualmente en un antiguo amigo de la juventud y coideario del presidente de la República, hasta la eliminación de su página editorial de cualquier persona que pueda pensar de manera distinta del grupo que ostenta actual (y transitoriamente) el poder, pasando por una política informativa que desechaba instintivamente las noticias que hubieran podido incomodar al régimen
Yo creo que El Telégrafo nunca llegó a ser un medio público, sino que se convirtió en uno periódico al servicio de los intereses del Gobierno. Y que la pugna que ha terminado con la salida de Rubén Montoya de la Dirección del periódico y la renuncia de 23 columnistas obedece a la necesidad de profundizar esa dependencia y trasladarla del Gobierno al partido del Gobierno.
Cabe aquí una disquisición que considero importante.
¿Existe realmente un partido de Gobierno?
¿Existe realmente Alianza País como un partido de Gobierno?
¿O lo único que realmente existe es un buró político, que nadie ha elegido y que toma realmente las decisiones, por encima aún de los asambleístas que ganaron las elecciones y que los ministros que son responsables ante la Ley?
Yo creo más bien que el laberinto en que se halla sumido El Telégrafo no es porque antes haya sido un medio público independiente y ahora haya dejado de serlo, sino porque ha pasado ahora a ser totalmente dependiente del buró, como lo fue, desde el principio, el resto de los medios en manos del Estado.
Creo también que es importante entender tanto la crisis de El Telégrafo, como la prisión contra el editor de El Universo, así como el veto de la Ley de Participación, como una parte de esa radicalización del proyecto socialista que el presidente Correa anunció desde el día que fue reelegido.
El sometimiento de los demás, aún de los del mismo grupo, a un proyecto de dominación.
De eso se trata la revolución ciudadana.

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