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martes, 9 de septiembre de 2008

De la hipocresía a la desvergüenza

Eduardo Castillo Barredo
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Desde hace tiempo pensé escribir en algún momento un artículo titulado ‘No al engaño’. Ciertamente el engaño ha sido y sigue siendo el ingrediente esencial del proceso iniciado hace un par de años, en que la población, hábilmente embaucada y en etapas secuenciales, ha venido dando apoyo electoral masivo a un proyecto político totalitario y perverso. Engaño que comenzó, como es clásico, con el fingimiento u ocultamiento bajo la máscara de la hipocresía, desde en la primera y más aún en la segunda vuelta electoral presidencial. Pero sucede que ahora, cuando me he sentado a escribir ese artículo cuyo título tenía predeterminado, he debido cambiar su título, en honor a la verdad, porque hemos llegado a la etapa de la desvergüenza, donde el engaño se entremezcla y da paso, impúdicamente, a la mentira sin tapujos.
Tal el caso que motivó nada menos que el Editorial de este Diario ayer, titulado ‘Colegios y campaña’, que comienza citando lo que textualmente dijo el Jefe del Estado en su más reciente cadena sabatina: “No puede suceder que haya campaña política dentro de los colegios”. Expresión referida “a un afiche que se exhibía en el colegio Vicente Rocafuerte, de Guayaquil, llamando a votar por el Sí”. Pero que asombrosa, escandalosa, desvergonzadamente fue dicha –como se anota en ese mismo Editorial– “desde el colegio fiscal 21 de Julio, de Yaguachi, en un auditorio lleno de seguidores de Alianza PAIS con carteles por el Sí”. ¡Qué tal! Pero lo peor es que no se trató de un caso excepcional, de un error de buena fe, aislado e inadvertido. ¡No! Porque se vienen desgranando sistemáticamente otros de similar jaez.
Así por ejemplo –solo un ejemplo, pero generalizador y muy significativo de la etapa de desvergüenza a la que hemos llegado– la entrevista al creativo de campaña y vocero oficial del Gobierno, su Secretario de la Administración y Comunicación, que publica El Comercio de Quito hace cuatro días, en su página 3, bajo el título ‘No hacemos publicidad por el Sí’. Justo el mismo día que, en su página 5, dicho diario publica una noticia que titula ‘El Presidente continuó el fin de semana con la campaña por el Sí’. Entrevista aquella de la que, para mayor evidencia de la etapa a la que hemos llegado, transcribo textuales –basta y sobra– sus dos primeras y decidoras preguntas y respuestas. P: “¿Cuánto está gastando el Gobierno en publicidad a favor del Sí?”. R: “Cero”. P: “¿Acaso los cientos de spots no tienen ningún costo?”. R: “No hay ninguna campaña desde el Gobierno por el Sí”.
El proceso político que se inició hace un par de años y cuyo ingrediente esencial ha sido y sigue siendo el engaño, podría subdividirlo en dos etapas para mejor comprensión del porqué no he titulado este artículo, simplemente, ‘No al engaño’, como lo tenía previsto, sino ‘De la hipocresía a la desvergüenza’. Es que ese proceso comenzó por la etapa ‘hipocresía-engaño’, de la que podríamos adoptar como símbolo el acto inicial de Zumbahua, apadrinado por Chávez y compañía, donde el “católico practicante” antepone a esta práctica la de su sometimiento al rito de un brujo “shamán”. Proceso que ha llegado ahora a la etapa ‘cinismo-desvergüenza’, de la que podríamos adoptar como símbolo cualquiera de los casos a los que he hecho referencia, publicados esta semana en los principales diarios de Guayaquil y Quito.
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lunes, 18 de agosto de 2008

El engaño del ‘género’

Eduardo Castillo Barredo
Pongan atención en lo que afirmo a continuación, que es una verdad plenamente demostrable, que llega hasta la evidencia. Estoy escribiendo en una máquina, cuyo género –puramente gramatical, lingüístico y cultural– es femenino. Lo hago sobre un papel, cuyo género –de igual manera, solo como creación lingüística y cultural– es masculino. Pero ni la máquina ni el papel son en la realidad, con apego a la verdad de su propio ser, ni masculinos ni femeninos. Esta verdad queda aún más evidente si advertimos, por ejemplo, que “la sangre” es femenino en español, masculino en italiano (il sangue) y neutro en inglés (the blood).
El engaño que comienzo a mostrar y procuraré demostrar, se lo viene haciendo perversamente, pero con aparente inocencia, extrapolando lo del “género”, que proviene de la lingüística –ciencia de la manera cultural de expresarse– a la psicología y la antropología –ciencias que estudian los procesos mentales y la realidad humana en sus aspectos biológicos y sociales– donde se quiere indebidamente aplicar lo del “género” lingüístico. Esto para forzar con engaño a una falsa conclusión: que lo masculino y lo femenino, así como en la ficción lingüística, también en la realidad del ser humano hombre y mujer, puede y debe ser una mera creación cultural de cada cual. Creación voluntaria y caprichosa, inestable e intercambiable, no solo protegida sino además “socializada” y fomentada desde la niñez, y hasta garantizada como derecho “humano” fundamental en la Constitución y las leyes.
Esto se lo va logrando a través de técnicas de “lavado de cerebro”, al estilo nazi, fascista o marxista, infiltrando la comunicación de masas y la escuela con una estrategia en tres etapas: 1) Se usan los términos sexo y género de modo intercambiable, como si fueran sinónimos, con sencillez e inocencia aparentes; 2) Luego, cuando la gente ya se acostumbró a usar de ese modo la palabra género, se le va añadiendo, imperceptiblemente, el nuevo significado de “sexo construido cultural y socialmente”; y 3) Finalmente, la gente común termina hablando de género, como una “normal” autoconstrucción libre de la propia sexualidad.
El proyecto de nueva Constitución que se nos propone aprobar está plagada de la “ideología de género” y sus derivados, como “enfoque de género”, “identidad de género”, “derechos sexuales y reproductivos”, “orientación sexual” y muchos más, ampliando y profundizando la infiltración de esa nefasta ideología, que ya se venía dando, aunque en menor escala y virulencia, en la Constitución de 1998.
Eso puede haber parecido entonces una exageración. Pero ahora me entero que me quedé corto. Porque ya en 1998 había nacido en Estados Unidos, bajo el nombre de International Boy Love Day (IBLD, Día Internacional del Amor a los Niños), el “día del orgullo pederasta” que se viene celebrando cada año, el 24 de junio, en varios países europeos. Mientras en los Países Bajos existe un partido llamado Caridad, Libertad y Diversidad (NVD, en sus siglas en neerlandés), que concurrió a las últimas elecciones generales con un ideario que defendía la pornografía infantil y el sexo con animales, y pedía bajar hasta 12 años la edad legal para mantener relaciones sexuales.
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VIERNES 15 de agosto del 2008 Guayaquil, Ecuador