Mostrando entradas con la etiqueta Camilo Samán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Camilo Samán. Mostrar todas las entradas
miércoles, 14 de octubre de 2009
jueves, 3 de septiembre de 2009
Ahora, Emilio
Por Carlos Vera Rodríguez
No han podido, el gobierno ni Correa, desarmar sus argumentos; les tocó entonces envalentonar a sus beneficiarios: los azuzaron para protestar en las afueras de El Universo porque ese periódico probó -no solo informó, probó- que la morosidad en los pequeños créditos otorgados por la CFN es alta en la administración de Camilo Samán (tan mala que los pobres, normalmente cumplidos pagadores, aquí no lo son). Antes, amenazaron al hijo de cuatro años de Emilio Palacio, editor de opinión de ese periódico. Suscribía el mail un tal Jorge Coka. Ninguna autoridad del Estado investigó el origen de la amenaza y menos llegó a su mentalizador. No sabían que los grafitis contra Nebot pintados en Guayaquil fueron encargados a jóvenes de Quito; para pulir los textos, Correa y Alvarado interrumpieron una reunión de colaboradores, entre festejos y burlas sobre las frases. ¡No lo sabían! Pretenden encarcelar a Emilio por usar el castellano con valentía y propiedad: matón, según la Real Academia Española, es “un hombre jactancioso y pendenciero, que procura intimidar a los demás”. Aquello encaja con la actitud de Samán cuando alienta a varios deudores de la CFN -con permiso de la Intendencia del Guayas, por supuesto- para vociferar en las afueras de El Universo, llevar pancartas insultantes y entregar una carta de reclamo que pidieron no sea publicada. Si la protesta fuese espontánea, era respetable. Si respondía a un infundio, también. Pero la socapa el Estado para encubrir su mala gestión. Allí está el fondo: Emilio destapó la alcantarilla. Correa deseó encontrárselo el sábado pasado en la calle porque, “por segunda vez, se metió con mi familia”: ¿qué, le va a pegar? Ya lo tuvo al frente en el mismísimo Palacio Presidencial y solo atinó a descontrolarse antes de echarlo con sus gendarmes porque Emilio recordó que Correa esperaba destinar a su familia cuatro millones reclamados en juicio al Banco Pichincha por quitarle acceso al crédito -mentira, pues tuvo uno en diciembre de 2005 por USD 80 000 del banco MM Jaramillo Arteaga- y de perjudicar su buen nombre, otra mentira, pues sin buen nombre no ganaba elecciones en 2006, 2007, 2008 y 2009. Cuando Emilio Palacio utiliza los términos con que Correa descalifica -matón de barrio- es delito. Si lo hace el desbocado de Carondelet, es defensa. La verdad no es injuria. Las calumnias resultan condecoraciones al provenir de un farsante. Ello explica que nadie enjuicie a Correa por ser llamado idiota, loca, tipejo, imbécil, estúpido, violador de menores, loco peligroso, corrupto, machito, perro, mediocre, horrorosa, mercenario, ignorantón, basura, porquería, cloaca, pasquín… La verdadera justicia se pone a prueba con el juicio a Emilio Palacio; él, no. La prensa altiva está acorralada todavía más. Se pondrá todo peor si seguimos de espectadores.
jueves, 27 de agosto de 2009
Camilo, el matón
Emilio Palacio
Los pelucones de Alianza PAIS son como su Jefe: gritan, insultan, pero mandan a otro a que muerda.
Al menos el inefable Alberto Acosta peleó alguna vez en las calles por lo suyo. Camilo Samán en cambio vivió siempre en la burbuja de los aniñados, de fiesta en fiesta, agarrado de algún amigo que lo ayude a sobrevivir en su cómoda vida en la vía a Samborondón.
Por eso el matón Samán no fue ayer a las instalaciones de este Diario para reclamar. Mandó a sus guardaespaldas. A los de abajo, a señoras que no tenían ni idea de qué hacían allí. Él, como buen pelucón, permaneció a buen recaudo, esperando a que le reportaran por teléfono.
¿Pero qué hay detrás de todo esto? Ustedes ya lo saben. Es la desesperación de un hombre que de la noche a la mañana se convirtió en un revolucionario próspero y al que, claro, le molesta que la prensa le diga las verdades.
Es la desesperación de un Gobierno corrupto que quiere desviar la atención y sembrar el pánico. Para que nadie hable más de Fabricio Correa. Que no se hable del Mono Jojoy. Que no se diga nada de sus vacaciones en Cuba, de las casas que vuelan, de su jet privado, de su chef belga, de su jacuzzi en el Ministerio del Litoral.
Correa comenzó insultando. Algunos creyeron que era teatro, pero luego comprobaron que el Gran Jefe goza, se complace y vuelve a la vida cuando denigra.
Es su manera particular de elevar su autoestima, que de otro modo andaría por los suelos.
El caso es que por estos motivos algunos ingenuos concluyeron que era un asunto de personalidad. Pero no es así. Hay mucho más de fondo. El poder está contaminado por una mafia que está dispuesta a utilizar cualquier método para seguir disfrutando de los fondos públicos.
Por eso una y otra vez han intentado generalizar la violencia. Los estudiantes de la Universidad Católica lo saben. Los vecinos de Dayuma también.
Pero esa semilla hasta la fecha no había germinado. Así que a partir de ahora recurrirán a manifestaciones de asalariados que si se encuentran con un periodista en la calle lo reventarán a palos.
Por supuesto que van a fracasar, pero no porque esté escrito en alguna piedra sagrada. Dependerá de nosotros, los ciudadanos. Si nos callamos, si nos asustamos, si se nos caen los pantalones, si hipócritamente adoptamos una postura neutral, las mafias van a seguir de largo, y entonces Camilo el matón y la familia Correa tendrán camino libre para seguir disponiendo de los millones de la CFN.
Vas por una calle y te insultan. Luego te escupen. Y por último te patean y amenazan a tu familia. Puedes estar seguro de que el siguiente paso será darte un tiro. Así que debes reaccionar. Hay dos modos de hacerlo: agachando la cabeza (y esa será una herencia que tus hijos y nietos nunca olvidarán) o te levantas y les dices, mirándolos a los ojos, “yo soy un hombre digno”.
Al menos el inefable Alberto Acosta peleó alguna vez en las calles por lo suyo. Camilo Samán en cambio vivió siempre en la burbuja de los aniñados, de fiesta en fiesta, agarrado de algún amigo que lo ayude a sobrevivir en su cómoda vida en la vía a Samborondón.
Por eso el matón Samán no fue ayer a las instalaciones de este Diario para reclamar. Mandó a sus guardaespaldas. A los de abajo, a señoras que no tenían ni idea de qué hacían allí. Él, como buen pelucón, permaneció a buen recaudo, esperando a que le reportaran por teléfono.
¿Pero qué hay detrás de todo esto? Ustedes ya lo saben. Es la desesperación de un hombre que de la noche a la mañana se convirtió en un revolucionario próspero y al que, claro, le molesta que la prensa le diga las verdades.
Es la desesperación de un Gobierno corrupto que quiere desviar la atención y sembrar el pánico. Para que nadie hable más de Fabricio Correa. Que no se hable del Mono Jojoy. Que no se diga nada de sus vacaciones en Cuba, de las casas que vuelan, de su jet privado, de su chef belga, de su jacuzzi en el Ministerio del Litoral.
Correa comenzó insultando. Algunos creyeron que era teatro, pero luego comprobaron que el Gran Jefe goza, se complace y vuelve a la vida cuando denigra.
Es su manera particular de elevar su autoestima, que de otro modo andaría por los suelos.
El caso es que por estos motivos algunos ingenuos concluyeron que era un asunto de personalidad. Pero no es así. Hay mucho más de fondo. El poder está contaminado por una mafia que está dispuesta a utilizar cualquier método para seguir disfrutando de los fondos públicos.
Por eso una y otra vez han intentado generalizar la violencia. Los estudiantes de la Universidad Católica lo saben. Los vecinos de Dayuma también.
Pero esa semilla hasta la fecha no había germinado. Así que a partir de ahora recurrirán a manifestaciones de asalariados que si se encuentran con un periodista en la calle lo reventarán a palos.
Por supuesto que van a fracasar, pero no porque esté escrito en alguna piedra sagrada. Dependerá de nosotros, los ciudadanos. Si nos callamos, si nos asustamos, si se nos caen los pantalones, si hipócritamente adoptamos una postura neutral, las mafias van a seguir de largo, y entonces Camilo el matón y la familia Correa tendrán camino libre para seguir disponiendo de los millones de la CFN.
Vas por una calle y te insultan. Luego te escupen. Y por último te patean y amenazan a tu familia. Puedes estar seguro de que el siguiente paso será darte un tiro. Así que debes reaccionar. Hay dos modos de hacerlo: agachando la cabeza (y esa será una herencia que tus hijos y nietos nunca olvidarán) o te levantas y les dices, mirándolos a los ojos, “yo soy un hombre digno”.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
